UNIRED

 

Estudios  y Realidad de Las Escrituras en la Historia Humana

 

 

 

LAS SIETE TROMPETAS - Parte 1

 

VERS. 1: Y cuando él abrió el séptimo sello, fue hecho silencio en el cielo casi por medio hora.

EL PRIMER versículo de este capítulo se relaciona con los sucesos mencionados en los capítulos anteriores, y por lo tanto no debiera estar separado de ellos por la división del capítulo. Aquí se reanuda y se concluye la serie de los siete sellos. El sexto capítulo del Apocalipsis termina con la exposición de los sucesos del sexto sello, y el capitulo empieza con la apertura del séptimo sello. De ahí que el séptimo capítulo represente un paréntesis entre el sexto sello y el séptimo, y es aparente que el sellamiento de Apocalipsis 7 pertenece al sexto sello.


Silencio en el cielo.- El sexto sello no nos lleva hasta la segunda venida de Cristo, aunque abarca acontecimientos estrechamente relacionados con esa venida. Introduce las espantosas conmociones de los elementos, en las cuales se apartan los cielos como una envoltura que se enrolla, se desgarra la superficie de la tierra, y los impíos confiesan que ha llegado el gran día de la ira de Dios. Se hallan indudablemente a la expectativa de ver al Rey aparecer en gloria. Pero el sello no llega hasta ese acontecimiento. La aparición personal de Cristo debe, por lo tanto, ocurrir durante el siguiente sello.
Cuando aparece Jesucristo, viene con todos los santos ángeles. (Mateo 25:31.) Cuando todos los tañedores de arpa celestiales abandonan los atrios de Dios para venir a esta tierra con Jesucristo mientras desciende a buscar los frutos de su obra redentora, ¿no habrá silencio en el cielo? Este período de silencio, si lo consideramos como tiempo, durará más o menos siete días.

VERS. 2: Y vi los siete ángeles que estaban delante de Dios: y les fueron dadas siete trompetas.

Este versículo introduce una nueva y distinta serie de eventos. En los sellos tenemos la historia de la iglesia durante lo que llamamos la era cristiana. En las siete trompetas que se introducen ahora tenemos los principales acontecimientos políticos y bélicos que se producen durante el mismo tiempo.

VERS. 3-5: Y otro ángel vino, y se paró delante del altar, teniendo un incensario de oro; y le fue dado mucho incienso para que lo añadiese a las oraciones de todos los santos sobre el altar de oro que estaba delante del trono. Y el humo del incienso subió de la mano del ángel delante de Dios, con las oraciones de los santos. Y el ángel tomó el incensario, y lo llenó del fuego del altar, y los derramó en la tierra; y fueron hechos truenos y voces y relámpagos y terremotos.

Después de introducir a los siete ángeles sobre el escenario en el versículo 2, Juan llama por un momento nuestra atención a una escena completamente diferente. El ángel que se acerca al altar no es uno de los siete que reciben las trompetas. El altar es el del incienso, que en el santuario terrenal se encontraba en el primer departamento. Encontramos, pues, aquí otra prueba de que hay en el cielo un santuario con sus correspondientes enseres para el servicio. Era el original del que el terrenal era una figura; y las visiones de Juan nos llevan al interior de ese santuario celestial. Vemos realizarse en él un ministerio en favor de todos los santos. Indudablemente se nos presenta aquí toda la obra de mediación que se lleva a cabo en favor del pueblo de Dios durante la era evangélica. Esto se desprende del hecho de que el ángel ofrece su incienso con las oraciones de todos los santos. El acto del ángel al llenar de fuego su incensario y arrojarlo a la tierra evidencia que esta visión nos lleva al fin del tiempo, y por este acto indica que su obra ha terminado. Ya no se han de ofrecer más oraciones mezcladas con incienso. Este acto simbólico puede aplicarse tan sólo al momento en que termine para siempre en el santuario el ministerio de Cristo en favor de la humanidad. Después de aquel acto del ángel, hay voces, truenos, relámpagos, y terremotos; exactamente lo que según se nos dice en otra parte, ha de suceder cuando termine d tiempo de gracia de los hombres. (Véase Apocalipsis 11:19; 16:17, i8.)

Pero ¿por qué se insertan estos versículos aquí? Constituyen un mensaje de esperanza y consuelo para la iglesia. Han sido introducidos los siete ángeles con sus trompetas bélicas; se van a producir escenas terribles cuando toquen esas trompetas; pero antes que empiecen a tocar, se le hace ver al pueblo de Dios la obra de mediación que en su favor se realiza en el cielo, y se le induce a contemplar lo que será la fuente de su fortaleza y ayuda durante ese tiempo. Aunque sea arrojado a las tumultuosas olas de la guerra y contienda, debe recordar que su gran Sumo Sacerdote sigue ministrando por él en el santuario celestial. Hacia ese lugar sagrado podrá dirigir sus oraciones con la seguridad de que serán ofrecidas con incienso a su Padre celestial. Así podrá obtener fuerza y sustento en toda su tribulación.

VERS. 6: Y los siete ángeles que tenían las siete trompetas, se aparejaron para tocar.

Las siete trompetas.-Se reanuda la consideración de las siete trompetas, que ocuparán el resto de este capítulo y todo el 9. El símbolo de las trompetas tocadas por los siete ángeles complementa lo que anunciaba la profecía de Daniel 2 y 7 para después de la división del viejo Imperio Romano en diez reinos. En las primeras cuatro trompetas, tenemos una descripción de los sucesos especiales que señalaron la caída de Roma.

VERS. 7: Y el primer ángel tocó la trompeta, y fue hecho granizo y fuego, mezclado con sangre, y fueron arrojados a la tierra; y la tercera parte de los árboles fue quemada, y quemóse toda la hierba verde.

Alejandro Keith ha observado apropiadamente lo siguiente:
"Nadie podría elucidar más claramente los textos, o exponerlos más completamente, de lo que ha realizado esta tarea el historiador Gibbon. Los capítulos del filósofo escéptico que tratan directamente el asunto, necesitan solamente que se los haga preceder por un texto y se borren algunas palabras profanas, para formar una serie de exposiciones de los capítulos 8 y 9 del Apocalipsis de Jesucristo."1 "Poco o nada le queda que hacer al que profesa interpretarlos, sino señalar las páginas de Gibbon."2
El primer castigo grave que cayó sobre la Roma Occidental en su derrumbamiento, fue la guerra con los godos mandados por Alarico, que preparó el camino para otras incursiones. La muerte del emperador romano Teodosio ocurrió en enero de 395, y antes del fin del invierno los godos dirigidos por Alarico guerreaban contra el imperio.
La primera invasión que dirigió Alarico asoló el Imperio Oriental. Tomó él las ciudades famosas y esclavizó a muchos de sus habitantes. Conquistó las regiones de Tracia, Macedonia, el Ática y el Peloponeso, pero no llegó a la ciudad de Roma. Más tarde, el jefe godo cruzó los Alpes y los Apeninos y se presentó ante los muros de la Ciudad Eterna, que cayó presa de los bárbaros en 410.
"Granizo y fuego, mezclado con sangre" fueron arrojados sobre la tierra. Los terribles efectos de la invasión goda nos son representados como "granizo," por el origen septentrional de los invasores; como "fuego" por la destrucción de ciudades y campos por las llamas; y "sangre" por la terrible matanza de los ciudadanos del imperio que realizaron aquellos audaces e intrépidos
guerreros.

La primera trompeta.-El toque de la primera trompeta se sitúa hacia fines del cuarto siglo en adelante, y se refiere a las asoladoras invasiones que los godos hicieron sufrir al Imperio Romano.

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Después de citar extensamente la obra de Eduardo Gibbon, "History of the Decline and Fall of the Román Empire" (Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano), caps. 30-33, relativos a las conquistas de los godos. Alejandro Keith presenta un admirable resumen de las palabras del historiador que recalcan el cumplimiento de la profecía:
"Los largos extractos demuestran claramente cuan bien y con cuánta amplitud Gibbon expuso este texto en la historia de la primera trompeta, la primera tempestad que azotó la tierra romana, y la primera caída de Roma.

Usando sus palabras como un comentario más directo, leemos así la suma de lo dicho: La nación goda estuvo en armas cuando se oyó el primer sonido de la trompeta, y a pesar de la insólita severidad del invierno, hicieron rodar sus pesados carros sobre el ancho y helado lomo del río. Los fértiles campos de Focia y Beocia quedaron cubiertos por un diluvio de bárbaros; los hombres fueron muertos y las mujeres y los ganados arreados. Las profundas y sangrientas huellas de los godos podían discernirse fácilmente después de varios años.

Todo el territorio del Ática fue devastado por la funesta presencia de Alarico. Los más afortunados de los habitantes de Corinto, Argos, y Esparta se salvaron de la muerte pero contemplaron la conflagración de sus ciudades. Durante una estación de tañe calor que se secaron los lechos de los ríos, Alarico invadió el dominio del Occidente. Un aislado 'anciano de Verona* (el poeta Claudiano) lamentó patéticamente la suerte de los árboles de su tiempo, que hubieron de arder en la conflagración de todo el país [nótense las palabras de la profecía: 'La tercera parte de los árboles fue quemada']; y el emperador de los romanos huyó ante el rey de los godos.

"Se levantó una furiosa tempestad entre las naciones de Germania, desde cuyo extremo septentrional los bárbaros marcharon casi hasta las puertas de Roma. Lograron destruir el Occidente. La sombría nube que se había formado a lo largo de las costas del Báltico, estalló con acompañamiento de truenos sobre las márgenes del Danubio superior. Las praderas de las Galias, donde pastaban rebaños y manadas, y las orillas del Rin que estaban cubiertas de casas elegantes y predios bien cultivados, formaban un panorama de paz y abundancia, que se transformó repentinamente en un desierto, distinguido de la soledad de la naturaleza tan sólo por ruinas humeantes. Muchas ciudades fueron cruelmente oprimidas o destruidas. Muchos millares fueron inhumanamente muertos. Las llamas consumidoras de la guerra se extendieron sobre al mayor parte de las diecisiete provincias de Galia.

"Luego Alarico extendió sus estragos a Italia. Durante cuatro años los godos saquearon y reinaron sin control. Y durante el saqueo e incendio de Roma, las calles de la ciudad se llenaron de cadáveres; las llamas consumieron muchos edificios públicos y particulares; y las ruinas de un palacio subsistían aún un siglo y medio más tarde como grandioso monumento de la conflagración goda."

Después de este resumen, Keith completa el cuadro diciendo:

"La frase final del capítulo 33 de la historia de Gibbon es por sí misma un comentario claro y abarcante; porque al clausurar su propia descripción de este período breve pero desbordante de acontecimientos, concentró en declaraciones paralelas la suma de la historia y la substancia de la predicción. Pero las palabras que preceden a dichas declaraciones no carecen de significado: 'La devoción pública de aquella época tenía impaciencia por exaltar los santos y mártires de la Iglesia Católica a los altares de Diana y Hércules. La unión del Imperio Romano quedó disuelta; su genio humillado en el polvo; y ejércitos de bárbaros desconocidos, salidos de las regiones heladas del norte, establecieron su reinado victorioso sobre las provincias mas hermosas de Europa y de.. África.
"La última palabra, África, es la señal para que suene la segunda trompeta. El escenario se traslada de las orillas del Báltico a la costa meridional del Mediterráneo, o de las regiones heladas del norte a las playas ardientes del África. Y en vez de ser arrojada una tempestad de granizo sobre la tierra, un monte 'ardiendo con fuego' fue lanzado al mar."

 

LAS SIETE TROMPETAS - Parte 2

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VERS. 8, 9: Y el segundo ángel tocó la trompeta, y como un grande monte ardiendo con fuego fue lanzado en la mar; y la tercera parte de la mar se tornó en sangre. Y murió la tercera parte de las criaturas que estaban en la mar, las cuales tenían vida; y la tercera parte de los navios pereció.

La segunda trompeta.-El Imperio Romano, después de Constantino el Grande, se dividió en tres partes. De ahí que la frecuente mención de "la tercera parte de los hombres" sea una alusión a la tercera parte del imperio que sufría el azote. Esta división del Imperio Romano fue realizada al morir Constantino por sus tres hijos: Constancio, Constantino II y Constante. Constancio poseyó el Oriente y fijó su residencia en Constantinopla, la metrópoli del imperio. Constantino II obtuvo Gran Bretaña, las Gaitas y España. Constante reinaba sobre Iliria, África e Italia.

El sonido de la segunda trompeta se refiere evidentemente a la invasión y conquista de África, y más tarde Italia, por Gaiserico (Genserico), rey de los vándalos. Sus conquistas fueron mayormente navales, y sus triunfos fueron "como un grande monte ardiendo con fuego, . . . lanzado en la mar." ;Qué figura podría ilustrar mejor o siquiera tan bien la colisión de las flotas o la destrucción general de la guerra en las costas marítimas? Al explicar esta trompeta, necesitamos buscar acontecimientos que influyan particularmente en el mundo comercial. El símbolo usado nos induce naturalmente a buscar agitación y conmoción. Nada que no sea una fiera guerra marítima puede cumplir la predicción. Si el sonido de las primeras cuatro trompetas se refiere a cuatro acontecimientos notables que contribuyeron a la caída del Imperio Romano, y la primera trompeta predecía los estragos hechos por los godos bajo Alarico, al estudiar la segunda trompeta buscaremos el siguiente acto de invasión que sacudió el poder romano y preparó su caída. Esta siguiente gran invasión fue la de Genserico, a la cabeza de los vándalos. Su carrera llegó a su apogeo entre los años 428-468. Este gran jefe vándalo estableció su cuartel general en África. Pero como dice Gibbon, "el descubrimiento y la conquista de las naciones negras [en África] que pudiesen morar en la zona tórrida, no había de tentar la ambición racional de Genserico; así que dirigió las miradas hacia el mar; resolvió crear una fuerza naval, y ejecutó su audaz resolución con perseverancia activa y constante."5 Desde el puerto de Cartago salió repetidas veces como pirata, para arrebatar presas al comercio romano y hacer la guerra al imperio. Para hacer frente a ese monarca del mar, el emperador Mayoriano, hizo extensos preparativos navales.

"Se talaron los bosques de los Apeninos; se restauraron los arsenales y las fábricas de Ravena y Misena; Italia y la Galia rivalizaron en hacer contribuciones generosas al erario público*, y la marina imperial de trescientas galeras grandes, con una adecuada proporción de transportes y navios menores, se reunió en el seguro y espacioso puerto de Cartagena en España. . . . Pero Genscrico se salvó de una ruina inminente e inevitable por la traición de algunos subditos poderosos, que envidiaban o temían el éxito de su señor. Guiado por su comunicación secreta, sorprendió la flota sin custodia en la bahía de Cartagena; muchos de los barcos fueron hundidos, capturados o quemados; y los preparativos de tres años fueron destruidos en un solo día. . . .
"El reino de Italia, nombre al que se había reducido gradualmente el Imperio Occidental, fue afligido, durante el gobierno de Ricimero, por las depredaciones incesantes de los piratas vándalos. En la primavera de cada año, equipaban una flota formidable en el puerto de Cartago; y Genserico mismo, aunque ya viejo, comandaba todavía en persona las expediciones más importantes. . . .
"Los vándalos visitaron repetidas veces las costas de España, Liguria, Toscana, Campania, Lucania, Brutio, Apulia, Calabria, Venecia, Palmacla JEpiro Grecia y Sicilia. . . .
"La celeridad de sus movimientos les permitía amenazar y atacar los objetivos más lejanos que atrajesen sus deseos; y como siempre embarcaban un número suficiente de caballos, podían recorrer, apenas desembarcaran, la desalentada región con un cuerpo de caballería ligera."

Una última y desesperada tentativa de despojar a Genserico de la soberanía del mar fue hecha en 468 por León I, emperador del Oriente. Gibbon lo atestigua así:

"El gasto total de la campaña africana, cualesquiera que fueran los medios de sufragarla, ascendió a la suma de 130.000 libras de oro, unos 5.200.000 libras esterlinas. . . . La flota que salió de Constantinopla para Cartago consistía en 1.113 barcos,, y el numero de los soldados y los marineros excedía de los 100.000 hombres. ... El ejército de Heraclio y la flota de Marcelino y unieron o secundaron al lugarteniente imperial. . . . El viento favoreció los designios de Genserico. Hizo tripular sus mayores barcos de guerra por los más valientes de los moros y vándalos, y arrastraron tras sí muchas barcazas llenas de material combustible. En la obscuridad de la noche, estos navios destructores fueron impelidos contra la flota de los romanos, que no estaban en guardia ni sospechaban nada, pero se dieron cuenta al instante del peligro. Su orden cerrado facilitó el progreso del fuego, que se comunicaba con violencia rápida e irresistible; y el ruido del viento,, el crepitar de las llamas, los gritos disonantes de los soldados y marineros, que no podían ni ordenar ni obedecer, acrecentaban el horror del tumulto nocturno. Mientras trabajaban para desenredarse de los brulotes y salvar por lo menos parte de la flota, las galeras de Genserico los atacaron con valor templado y disciplinado; y muchos de los romanos que escaparon a la furia de las llamas, fueron muertos o capturados por los vándalos victoriosos. . . Después del fracaso de esa gran expedición, Genserico volvió a ser el tirano del mar; las costas de Italia, Grecia y Asia volvieron a estar expuestas a su venganza y avaricia; Trípoli y Cerdeña volvieron a obedecerle; añadió Sicilia al número de sus provincias; y antes de morir, en la plenitud de sus años y de la gloria, contempló la extinción final del imperio de Occidente."

Acerca de la parte importante que este audaz corsario desempeñó en la caída de Roma, Gibbon usa este lenguaje: "Genserico, un nombre que, en la destrucción del Imperio Romano, mereció igual jerarquía que los nombres de Alarico y Atila."

 

LAS SIETE TROMPETAS - Parte 3

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VERS. 10, 11: Y el tercer ángel tocó la trompeta, y cayó del (cielo) una grande estrella, ardiendo como una antorcha, y cayó en la tercera parte de los ríos, y en las fuentes de las aguas. Y el nombre de la estrella se dice Ajenjo. Y la tercera parte de las aguas fue vuelta en ajenjo: y muchos hombres murieron por las aguas, porque fueron hechas amargas.

La tercera trompeta.-En la interpretación y aplicación de este pasaje, llegamos al tercer acontecimiento importante que resultó en la subversión del Imperio Romano. En la exposición del cumplimiento histórico de esta tercera trompeta reconocemos nuestra deuda a las notas de Alberto Barnes por algunos extractos. Como dice este comentador, para explicar este pasaje es necesario "que haya algún capitán o guerrero que pueda compararse a un meteoro ardiente; cuyo curso sea singularmente brillante; que aparezca repentinamente como una estrella fugaz, y luego desaparezca como una estrella cuya luz se apagase en las aguas; que el curso aselador de ese meteoro abarque mayormente las partes del mundo en que abundan los manantiales y los cursos de agua; que se produzca un efecto como si esos cursos y manantiales se volviesen amargos; es decir que perezcan muchas personas, y que extensas desolaciones sean causadas en el vecindario de esos ríos y cursos de agua, como si una estrella amarga y funesta cayese en las aguas, y la muerte se difundiese por las márgenes adyacentes o regadas por ellos."9

La premisa sentada aquí es que esta trompeta alude a las guerras asoladoras y furiosas invasiones que Atila, rey de los hunos, dirigió contra el poder romano. Hablando de este guerrero, y particularmente de su apariencia personal, dice Barnes:
"En su aspecto, se parecía mucho a un brillante meteoro que fulgurase por el cielo. Vino del Oriente juntando sus hunos, y los volcó, como veremos, repentinamente sobre el imperio, con la rapidez de un meteoro fulgurante. _Se consideraba consagrado a_ Marte, el dios de la guerra, y solía ataviarse en forma peculiarmente vistosa, de manera que su apariencia, de acuerdo con el Jenguaje de sus aduladores, bastaba para deslumbrar a quienes le mirasen. "

Al hablar de la localidad de los sucesos predichos por esta trompeta, Barnes tiene esta nota:

"Se dice particularmente que el efecto iba a ser sobre 'los ríos ´ y 'las fuentes de las aguas.' Sea que esto tenga aplicación literal, o que, de acuerdo a lo supuesto en el caso de la segunda trompeta, el lenguaje usado se refería a la parte del imperio que sería particularmente afectada por una invasión hostil, podemos suponer que se refiere a las regiones del imperio donde abundaban los ríos y cursos de agua, y más particularmente donde nacen los ríos y corrientes, pues el efecto era permanentemente en las 'fuentes de las aguas. De hecho, las principales operaciones de Aula fueron en las regiones de los Alpes, y en aquellas porciones del imperio de donde los ríos descienden a Italia. Gibbon describe así en forma general la invasión de Atila: 'Toda la anchura de Europa, en lo que se extiende por más de ochocientos kilómetros desde el Euxino al Adriático, fue invadido de una vez, ocupado y asolado por las miríadas de bárbaros que Atila llevó al campo
El nombre de la estrella es Ajenjo.-La palabra "ajenjo'* indica amargas consecuencias. "Estas palabras, que se relacionan
más estrechamente con el versículo anterior, . . . nos recuerdan.. . el carácter de Atila, la miseria de la cual fue autor o instrumento y el terror que inspiraba su nombre.

" 'La extirpación total y la supresión,' son los términos que mejor definen las calamidades que él infligía. . . ."Atila se jactaba de que la hierba no volvía a crecer donde había pisado su caballo. 'El azote de Dios' fue el nombre que se atribuyó, y lo insertó entre sus títulos reales. Fue 'el azote de sus enemigos, y el terror del mundo.' El emperador occidental, el senado y el pueblo de Roma, con humildad y temor, procuraron aplacar la ira de Atila. Y el párrafo final de los capítulos que refieren su historia, se titula 'Síntomas de la decadencia y ruina del gobierno romano.' El nombre de la estrella era Ajenjo."

 

La Cuarta Trompeta de Apocalipsis 8

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VERS. 12: Y el cuarto ángel tocó la trompeta, y fué herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas; de tal manera que se oscureció la tercera parte de ellos, y no alumbraba la tercera parte del día, y lo mismo de la noche.

La cuarta trompeta.-Entendemos que esta trompeta simboliza la carrera de Odoacro, el primer bárbaro que gobernó a Italia y que estuvo estrechamente relacionado con la caída de la Roma Occidental. Los símbolos del sol, la luna y las estrellas, pues se usan indudablemente como símbolos, denotan evidentemente las grandes luminarias del gobierno romano: sus emperadores, senadores y cónsules. El último emperador de la Roma Occidental fue Rómulo, al que por decisión se llamó Augustulo, o sea el "diminuto Augusto.** La Roma Occidental cayó en 476. Sin embargo, aunque se apagó el sol romano, sus luminarias subordinadas brillaban débilmente mientras subsistían el senado y los cónsules. Pero después de muchos reveses civiles y cambios de fortuna política, por fin quedó subvertida toda la forma del antiguo gobierno, y Roma misma, que fuera antes emperatriz del mundo, se vio reducida a la condición de un pebre ducado tributario del exarca de Ravena.
La extinción del Imperio Occidental queda así registrada por Gibbon;
"El infortunado Augustulo fue hecho instrumento de su propia desgracia: presentó su renuncia al senado; y aquella asamblea, en su último acto de obediencia a un príncipe romano, afectó todavía el espíritu de libertad y las formas de la constitución. Por decreto unánime, dirigió una epístola al emperador Zenón, yerno y sucesor de León, recién repuesto en el trono bizantino, después de una corta rebelión. Solemnemente 'negaron [los senadores] la necesidad, o aun el deseo de continuar por más tiempo la sucesión imperial en Italia; puesto que en su opinión la majestad de un solo monarca bastaba para dominar y proteger tanto el Oriente como el Occidente. En su propio nombre y en el del pueblo, consintieron en que la sede del imperio universal fuese trasladada de Roma a Constantinopla; y renunciaron vilmente al derecho de elegir a su señor, el único vestigio que les quedaba todavía de la autoridad que había dado leyes al mundo.' "13

Alejandro Keith comenta la caída de Roma en las siguientes palabras:
"Se extinguió el poder y la gloria de Roma como dominadora de otra nación cualquiera. A la reina de las naciones sólo le quedaba su nombre. Desapareció de la ciudad imperial toda insignia de la realeza. La que había gobernado a las naciones se sentaba en el polvo, como una segunda Babilonia, y no había trono donde habían reinado los Césares. El último acto de obediencia a un príncipe romano que ejecutó aquella asamblea una vez augusta, fue la aceptación de la renuncia del último emperador del Occidente, y la abolición de la sucesión imperial en Italia. El sol de Roma había sido herido. . . .

 

"Un nuevo conquistador de Italia, el ostrogodo Teodorico, se levantó prestamente, asumió inescrupulosamente la purpura y reinó por derecho de conquista. 'La realeza de Teodorico fue proclamada por los godos (5 de marzo de 493), con el consentimiento tardío, adverso y ambiguo del emperador del Oriente.' El poder imperial romano, del que habían sido la sede Roma o Constantinopla, conjuntamente o por separado, en el Occidente o el Oriente, ya no fue reconocido en Italia, y la tercera parte del sol fue herida hasta el punto que no emitía ya los rayos más débiles. El poder de los Césares ya no fue conocido en Italia; y un rey godo reinó sobre Roma.
"Pero aunque fue herida la tercera parte del sol, y el poder de la Roma imperial cesó en la ciudad de los Césares" siguieron brillando la luna y las estrellas por un tiempito más en el hemisferio [imperio] occidental, aun en medio de las tinieblas godas. El consulado y el senado ['la luna y las estrellas'] no fueron abolidos por Teodorico. 'Un historiador godo aplaude el consulado de Teodorico como el apogeo de todo poder y grandeza temporales;' así como la luna reina de noche después de la puesta del sol. Y en vez de abolir ese cargo, Teodorico mismo 'felicita a esos anuales favoritos de la fortuna que, sin los cuidados del trono, gozaban su esplendor.'

 

"Pero, en su orden profetice, el consulado y el senado de Roma llegaron a su fin, aunque no cayeron por manos de los vándalos ni los godos. La siguiente revolución que sufrió Italia fue su sujeción a Belisano, el general de Justiniano. emperador del Oriente. No perdonó lo que los bárbaros habían santificado. 'El consulado romano extinguido por Justiniano en 541,' es el título del último párrafo del capítulo 40 de la historia de la decadencia y caída de Roma, por Gibbon. 'La sucesión de los cónsules cesó finalmente en el año trece de Justiniano, a cuyo temperamento despótico podía agradar la extinción silenciosa de un título que recordaba a los romanos su antigua libertad.' 'Fue herida la tercera parte del sol, y la tercera parte de la luna, y la tercera parte de las estrellas.'

En el firmamento político del mundo antiguo, mientras subsistía el reinado de la Roma imperial, el cargo de emperador, el consulado y el senado brillaban como el sol, la luna y las estrellas. La historia de su decadencia y caída llega hasta cuando los dos primeros se han apagado con referencia a Roma e Italia, que durante tanto tiempo habían sido la primera de las ciudades y el primero de los países; y finalmente, cuando termina la cuarta trompeta, vemos la 'extinción de aquella ilustre asamblea,' el senado romano. La ciudad que había regido el mundo fue, como una burla dirigida a la grandeza humana, conquistada por el eunuco Narses, sucesor de Belisario. Derrotó a los godos (552*), logró 'la conquista de Roma,' y quedó sellada la suerte del senado."
 

E. B. Elliott habla como sigue del cumplimiento de esta parte de la profecía en la extinción del Imperio Occidental:
 

Así se fue preparando la catástrofe final, por la cual habían de extinguirse los emperadores occidentales y su imperio. Hacía mucho que se había ausentado la gloria de Roma; una tras otra sus provincias le habían sido arrancadas; el territorio que todavía le quedaba se había vuelto desierto; y sus posesiones marítimas, sus flotas y su comercio habían sido aniquilados. Poco le quedaba fuera de los vanos títulos e insignias de la soberanía. Y ahora había llegado el momento en que estas cosas también le iban a ser quitadas. Apenas veinte años después de Atila, y muchos menos después de la muerte de Genserico (quien había visitado y saqueado antes de su muerte la ciudad eterna en una de sus expediciones de merodeo marítimo, y había preparado así aun más cabalmente la consumación venidera), más o menos entonces, digo, Odoacro, jefe de los hérulos, resto bárbaro de la hueste de Atila dejado en las fronteras alpinas de Italia, se interpuso con su orden de que el nombre y el cargo de emperador romano del Occidente fuesen abolidos. Abdicó el último fantasma de un emperador, aquel cuyo nombre. Pómulo Augústulo, se prestara singularmente para que una mente reflexiva contrastara las glorias pasadas de Roma y su actual degradación: el senado remitió las insignias imperiales a Constantinopla, y declaró al emperador del Oriente que un monarca bastaba para todo el imperio. Así se eclipsó la tercera parte del sol imperial, la que pertenecía al Imperio Occidental, y ya no resplandeció más. Digo ese tercio de su orbe que pertenecía al imperio occidental; porque la fracción apocalíptica es literalmente exacta. En el último arreglo entre las dos cortes, todo el tercio ilírico había sido transferido a la división oriental. De modo que en el Occidente se había producido 'la extinción del imperio;' había caído la noche.

"No obstante esto, debe recordarse que la autoridad del nombre romano no había cesado completamente. El senado de Roma continuaba reuniéndose como de costumbre. Los cónsules eran nombrados anualmente, uno por el emperador oriental, y otro por Italia y Roma. Odoacro mismo gobernó a Italia bajo un título (el de patricio) que le confirió el emperador oriental. En cuanto se refería a las provincias occidentales más lejanas, o por lo menos a considerables regiones de ellas, el vínculo que las unía con el Imperio Romano no se cortó completamente. Había todavía cierto reconocimiento, aunque débil, de la suprema autoridad imperial. La luna y las estrellas parecían reflejar todavía en el Occidente una luz débil. Pero, con el transcurso de los acontecimientos que se sucedieron unos a otros rápidamente durante el siguiente medio siglo, ellas también se extinguieron. Teodorico el ostrogodo, después de destruir a los hérulos y su reino en Roma y Ravena, reinó en Italia de 403 a 526 como soberano independiente; y después de conquistar Belisario y Narses a Italia, cuando vencieron a los ostrogodos (conquista precedida de guerras y asolamientos que dejaron casi desierto al pais^y sobre todo su ciudad de las siete colinas), el senado romano fue disuelto y abrogado el consulado. Además, en lo que se refiere a los príncipes bárbaros de las provincias occidentales, su independencia del poder imperial se fue afirmando y comprendiendo más distintamente.

Después de un siglo y medio de calamidades casi sin parangón en la historia de las naciones, como lo indica correctamente el Dr. Robertson, la declaración de Jerónimo, casi calcada de la figura del pasaje apocalíptico, pero pronunciada prematuramente cuando Alarico tomó Roma por primera vez, podría considerarse finalmente como cumplida: 'Claríssimum terrarum lumen ex tinctum est', (El glorioso sol del mundo se ha extinguido); o como lo ha expresado el poeta moderno, siempre bajo la influencia de las imágenes apocalípticas: 'Estrella por estrella, vio expirar sus glorias,' hasta que no quedó siquiera una sola estrella que titilase en la noche obscura y vacía."
Fueron verdaderamente horrendos los estragos que realizaron esas hordas bárbaras bajo sus audaces pero crueles y desenfrenados caudillos. Sin embargo, las calamidades que sufrió el imperio bajo las primeras incursiones de esos bárbaros fueron cosa ligera en comparación con las calamidades que iban a seguir. No eran sino las gotas preliminares de una lluvia torrencial que iba a caer pronto sobre el mundo romano. Las tres trompetas que quedaban llegaban cubiertas por una nube de desgracia, según se indica en los versículos que siguen.

VERS. 13: Y miré, y oí un ángel volar por medio del ciclo, diciendo en alta voz: ¡Ay! ¡ay! ¡ay! de los que moran en la tierra, por razón de las otras voces de trompeta de los tres ángeles que han de tocar.

Este ángel no pertenece a la serie de los siete que tienen trompetas, sino que es simplemente otro mensajero celestial encargado de proclamar que las tres trompetas restantes anuncian ayes debidos a los acontecimientos más terribles que han de producirse mientras toquen. De manera que la siguiente trompeta, o quinta, es el primer ay; la sexta el segundo ay; la séptima, última de las trompetas, es el tercer ay.

 

La Quinta Trompeta de Apocalipsis 9 - 

VERS. 1: Y el quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo.

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Antes de comenzar quiero agregar que hoy gracias a los nuevos estudios y según el cronograma mundial el estudio de Apocalipsis capitulo 9 esta siendo revisado y pronto estará disponible ese estudio mientras les dejo lo que creía hasta hace unos años pronto subiré la versión actualizada.

VERS. 1: Y el quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo.


La QUINTA trompeta.-Para interpretar esta trompeta recurriremos nuevamente a los escritos de Alejandro Keith. Dice el nombrado escritor:

"Apenas si habrá alguna parte del Apocalipsis acerca de la cual estén los intérpretes tan uniformemente de acuerdo como acerca de la aplicación que dan a la quinta trompeta y la sexta, o primer ay y segundo ay a saber, a los sarracenos y los turcos. Su significado es tan obvio que es casi imposible interpretar erróneamente la profecía. En vez de ser expuesto cada caso por uno o dos versículos, todo el capítulo 9 del Apocalipsis se divide en partes iguales dedicadas a la descripción de ambos.
"El Imperio Romano decayó, como se había levantado, por conquistas; pero los sarracenos y los turcos fueron los instrumentos por medio de los cuales una religión falsa llegó a ser el azote de una iglesia apóstata; de ahí que la quinta trompeta y la sexta, en vez de ser llamadas por ese solo nombre como las anteriores, son denominadas aves. . . .
"Por primera vez después deja extinción del Imperio Occidental, Constantinopla fué sitiada por Cósroes [II], rey de Persia."
El profeta dijo: "Vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo."


El historiador dice acerca de aquel tiempo:


"Mientras que el monarca persa [Cósroes II] contemplaba las maravillas de su arte y poder recibió de cierto obscuro ciudadano de la Meca una epístola que lo invitaba a reconocer a Mahoma como el apóstol de Dios. Rechazó la invitación, y rompió la epístola. 'Así-exclamó el profeta árabe-desgarrara Dios el reino de Cósroes y rechazará sus súplicas.' Situado a la vera de los dos grandes imperios del Oriente, Mahoma observaba con secreta alegría el progreso de su mutua destrucción y en medio de los triunfos persas, se atrevió a predecir que antes que hubiesen transcurrido muchos años volvería la victoria a los estandartes romanos. En el momento en que anunció esto, según lo que se cuenta, ninguna profecía podía parecer más lejos de cumplirse, puesto que los primeros doce años de Heraclio parecían anunciar la inminente disolución de su imperio."

 

Esta estrella no cayó sobre un solo punto, como la que representaba a Atila, sino que cayó en la tierra.
Las provincias que le quedaban al imperio en Asia y África fueron subyugadas por Cósroes II, y "el Imperio Romano se vio reducido a las murallas de Constantinopla, con un residuo en Grecia, Italia y África, y algunas ciudades marítimas, desde Tiro a Trebizonda, en la costa asiática.... La experiencia de seis años convenció finalmente al monarca persa de que debía renunciar a la conquista de Constantinopla y especificar el tributo anual o rescate que debía pagar el Imperio Romano: mil talentos de oro, mil talentos de plata, mil mantos de seda, mil caballos y mil vírgenes. Heraclio subscribió estas ignominiosas condiciones: pero el tiempo y espacio que obtuvo para reunir estos tesoros de la pobreza del Oriente lo dedicó laboriosamente a preparar un ataque audaz y desesperado."3

"El rey de Persia había despreciado al obscuro sarraceno, y se había burlado del mensaje enviado por el supuesto profeta de la Meca. Ni siquiera la caída del Imperio Romano habría abierto la puerta al mahometismo, ni a los progresos de los sarracenos, armados propagadores de una impostura, pues el monarca de los persas y el chagán de los ávares (sucesor de Atila) habían dividido entre sí los restos del reino de los Césares. Cósroes mismo cayó. La monarquía persa y la romana se agotaron la una a la otra. Y antes que fuese puesta una espada en las manos del falso profeta, se la hizo caer de las manos de aquellos que podrían haber detenido su carrera y aplastado por completo su poder."4
"Desde los días de Escipión y Aníbal, no se había intentado empresa más atrevida que la lograda por Heraclio para la liberación del imperio. . . . Recorrió, explorándolo, el peligroso camino a través del mar Negro y las montañas de Armenia, penetró en el corazón de Persia, e hizo congregar de nuevo los ejércitos del gran rey para la defensa de su país ensangrentado. . . .

 

"En la batalla de Nínive, que se riñó fieramente desde el amanecer hasta la undécima hora, 28 estandartes, además de los que pudieron romperse o desgarrarse, fueron arrebatados a los persas; la mayor parte de su ejército fue destrozado, y los vencedores, ocultando sus propias pérdidas, pasaron la noche sobre el campo. . . . Las ciudades y los palacios de Asiría fueron por primera vez abiertos para los romanos."5


"El emperador romano no fue fortalecido por las conquistas que logró; y al mismo tiempo y por los mismos medios quedó preparado el camino para las multitudes de sarracenos de Arabia que, como langostas de la misma región, se volcaron rápidamente sobre el imperio persa y el romano, propagando en su recorrido el obscuro y engañoso credo mahometano. No podría desearse una ilustración más completa de este hecho, que la proporcionada en las palabras finales del capítulo [de Gibbon] del cual provienen los extractos precedentes."6
"Aunque se había formado un ejército victorioso bajo el estandarte de Heraclio, el esfuerzo poco natural parece haber agotado más bien que vigorizado su fuerza. Mientras que el emperador triunfaba en Constantinopla o en Jerusalén, una obscura ciudad de los confines de Siria fue saqueada por los sarracenos, y éstos destrozaron algunas tropas que avanzaban para aliviarla, suceso común y trivial si no hubiese sido el preludio de una poderosa revolución. Estos ladrones eran los apóstoles de Mahoma; su valor fanático había brotado del desierto; y durante los últimos ocho anos de su reinado, Heraclio cedió a los árabes las mismas provincias que antes había rescatado de los persas."


" 'El espíritu de fraude y entusiasmo, cuya morada no está en los cielos,' se soltó sobre la tierra. Sólo necesitaba el abismo una llave para abrirse, y esa llave fue la caída de Cósroes. El había desgarrado despectivamente la carta de un obscuro ciudadano de la Meca. Pero cuando desde su 'resplandor de gloria.' se hundió en la 'torre tenebrosa' que ningún ojo podía penetrar, el nombre de Cósroes cayó repentinamente en el olvido frente al de Mahoma; pues, al parecer, la salida del creciente no esperaba sino la caída de la estrella. Cósroes, después de su completa derrota v la pérdida de su imperio, fue asesinado en el ano 628; y el año 620 queda señalado por 'la conquista de Arabia,' y *la primera guerra de los mahometanos contra el Imperio Romano.' 'Y el quinto ángel tocó la trompeta, y vi una estrella que cayó del cielo en la tierra; y le fue dada la llave del pozo del abismo. Y abrió el pozo del abismo.' Cayó en la tierra.

Cuando se hubo agotado la fuerza del Imperio Romano, y el gran rey del Oriente yacía muerto en su torre tenebrosa, el saqueo de una ciudad obscura de los confines de Siria fue 'el preludio de una poderosa revolución.' 'Los ladrones eran los apóstoles de Mahoma, y su valor fanático brotaba del desierto.'"
El abismo.-La palabra griega abyssos, de la cual proviene la castellana "abismo," significa "profundo, sin fondo," y puede aplicarse a cualquier lugar desierto, desolado e inculto. Se aplica a la tierra en su estado original de caos. (Génesis 1:2.) En este caso puede referirse apropiadamente a los desiertos desconocidos de Arabia, de cuyos confines salían las hordas de sarracenos como mangas de langostas. La caída del rey persa Cósroes II puede simbolizar perfectamente la apertura del abismo, puesto que preparó el camino para que los discípulos de Mahoma pudieran salir de su obscuro país y propagar sus seductoras doctrinas por el fuego y la espada hasta cubrir con sus tinieblas todo el Imperio Oriental.

VERS. 2: Y abrió el pozo del abismo, y subió humo del pozo como el humo de un gran horno; y obscurecióse el sol y el aire por el humo del pozo.


"Como los vapores molestos y aun mortíferos que los vientos particularmente del sudoeste, difunden en Arabia, el mahometismo propaló desde allí su influencia pestilencial. Se levantó tan repentinamente y se difundió tan ampliamente como humo que saliese de un abismo, como humo de un gran horno. Este símbolo era muy adecuado para representar la religión de Mahoma por sí sola, o en comparación con la luz del Evangelio de Jesús. No era, como este último, una luz del cielo, sino humo del abismo."9

VERS. 3: Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y fuéles dada potestad, como tienen potestad los escorpiones de la tierra.


"Se estableció una falsa religión, que, aunque fue el azote de las transgresiones y la idolatría, llenó el mundo de tinieblas y seducción; y enjambres de sarracenos, como langostas, se extendieron por la tierra, y rápidamente difundieron sus estragos por el Imperio Romano del este hasta el oeste. El granizo descendió de las heladas orillas del Báltico; la montaña ardiente cayó sobre el mar desde el África; y las langostas (símbolo adecuado de los árabes) salieron de Arabia, su tierra natal. Vinieron como seres destructores y, propagando una doctrina nueva, incitaron a la rapiña y la violencia por motivos religiosos y de interés."


"Puede darse una ilustración más específica del poder de escorpiones que habían recibido. No sólo era su ataque veloz y vigoroso, sino que 'la delicada sensibilidad del honor, que pesa el insulto más bien que el daño, derrama su mortífero veneno sobre las disputas de los árabes; una acción indecente, una palabra despectiva, pueden expiarse tan sólo por la sangre del ofensor; y son tan inveterados en su paciencia, que aguardan meses enteros y aun años la oportunidad de vengarse.' "11

VERS. 4: Y les fue mandado que no hiciesen daño a la hierba de la tierra, ni a ninguna cosa verde, ni a ningún árbol, sino solamente a los hombres que no tienen la señal de Dios en sus frentes.

Después de la muerte de Mahoma. le sucedió en el comando Abubéker en 632, y éste, tan pronto como hubo establecido su autoridad y gobierno, reunió las tribus árabes para lanzarlas a la conquista. Una vez congregado su ejército dio a sus jefes instrucciones acerca de los métodos de conquista:

"Cuando peleéis las batallas del Señor, portaos varonilmente, sin dar la espalda; pero no se manche vuestra victoria con la sangre de las mujeres ni de los niños. No destruyáis las palmeras ni queméis los campos de cereal. No cortéis árboles frutales, ni hagáis daño al ganado; matad sólo lo que necesitáis para comer. Cuando hacéis un pacto o convenio, cumplidlo fielmente, y respetad siempre vuestra palabra. En vuestras correrías, encontraréis a algunas personas religiosas que viven recluidas en monasterios, y se proponen servir así a Dios; dejadlas en paz; no las matéis ni destruyáis sus monasterios; y hallaréis otra clase de personas que pertenecen a la sinagoga de Satanás, que tienen la coronilla afeitada; partidles ciertamente el cráneo, y no les deis cuartel hasta que se hagan mahometanos o paguen 'tributo.' "x2
 

"Ni en la profecía ni en la historia se nos dice que las recomendaciones más humanas fueran obedecidas tan escrupulosamente como el feroz mandato; pero les fue ordenado hacerlo. Como quiera que sea, las que preceden son las únicas instrucciones que registre Gibbon; y fueron dadas por Abubéker a los jefes de todas las huestes sarracenas. Las órdenes son tan específicas en su discriminación como la predicción. Es como si el califa mismo hubiese estado actuando en obediencia directa a un mandato superior al de un hombre mortal. En el mismo acto de salir a pelear contra la religión de Jesús y propagar el mahometismo en su lugar, repitió las palabras que la Revelación de Jesucristo predecía que iba a pronunciar."13

El sello de Dios en sus frentes-En las observaciones hechas con referencia a Apocalipsis 7:1-3, hemos demostrado que el sello de Dios es el sábado del cuarto mandamiento. La historia no calla el hecho de que hubo a través de toda la era evangélica personas que observaron el verdadero día de reposo. Pero lo que preguntan aquí muchos es: ¿Quiénes eran esos hombres que en ese tiempo tenían el sello de Dios en sus frentes, y por lo tanto iban a quedar libres de la opresión mahometana ? Recuerde el lector un hecho al que se aludió ya, a saber, que hubo en toda la era cristiana personas que tuvieron el sello de Dios en sus frentes, es decir que observaron inteligentemente el verdadero día de reposo. Considere, además, que lo aseverado por la profecía es que esta potencia asoladora, los sarracenos, no se dirige contra los tales observadores del sábado, sino contra otra clase. La cuestión queda así libre de toda dificultad, porque es todo lo que en realidad asevera la profecía. Hay una clase de personas que resalta directamente, en este pasaje, a saber, los que no tienen el sello de Dios en la frente.

La preservación de los que tienen el sello de Dios se presenta tan sólo por implicación. Por consiguiente, la historia no registra que algunos de ellos fuesen afectados por alguna de las calamidades infligidas por los sarracenos a los que resultaron blanco de su odio. Eran enviados contra otra clase de hombres. La destrucción de esta clase no se pone en contraste con la preservación de otros hombres, sino tan sólo con la de los frutales y las cosas verdes de la tierra; como si se les hubiese dicho: No hagáis daño a la hierba, ni a los árboles ni a ninguna cosa verde, sino tan sólo a una clase de hombres. En el cumplimiento, encontramos el extraño espectáculo de un ejército de invasores que perdona las cosas que tales ejércitos destruyen generalmente: la faz de la naturaleza y sus producciones. En obediencia al permiso que tenían de dañar a aquellos hombres que no tenían el sello de Dios en sus frentes, partían el cráneo a cierta clase de religiosos de coronilla afeitada, que pertenecían a la sinagoga de Satanás. Parece que se trataba de monjes o de alguna otra orden de la iglesia católica romana.

VERS. 5: Y les fue dado que no los matasen, sino que los atormentasen cinco meses; y su tormento era como tormento de escorpión, cuando hiere al hombre.

"Sus constantes incursiones en territorio romano, y sus frecuentes asaltos contra Constantinopla misma, eran un tormento incesante en todo el imperio, al que no podían, sin embargo, subyugar, a pesar del largo período al cual se alude más tarde, y durante el cual, por medio de sus ataques incesantes, continuaron afligiendo gravemente a una iglesia idólatra de la cual el papa era la cabeza. . . . Tenían cargo de atormentar, luego dañar, pero no matar o destruir completamente. Lo asombroso es que no lo hicieron." (Con referencia a los cinco meses, véase el comentario sobre el versículo 10.)

VERS. 6: Y en aquellos días buscarán los hombres la muerte y no la hallarán; y desearán morir, y la muerte huirá de ellos.


"Los hombres se cansaban de la vida, cuando ella les era perdonada tan sólo para que se renovasen sus desgracias, cuando se violaba todo lo que consideraban sagrado y peligraba constantemente lo que les era caro; y cuando los salvajes sarracenos los dominaban o les dejaban solamente un momento de descanso siempre expuesto a ser interrumpido repentina o violentamente, como por la picadura de un escorpión."

VERS. 7: Y el parecer de las langostas era semejante a caballos aparejados para la guerra: y sobre sus cabezas tenían como coronas semejantes al oro; y sus caras como caras de hombres.

"El caballo árabe va a la delantera en todo el mundo: y la habilidad del jinete es el arte y ciencia de Arabia. Los barbudos árabes, veloces como langostas y armados como escorpiones, listos para arrancar al instante, estaban siempre preparados para la batalla.
" *Y sobre sus cabezas tenían como coronas semejantes al oro.' Cuando Mahoma entró en Medina (622) y por primera vez fue recibido como su príncipe, *se desenvolvió un turbante delante de él para suplir la falta de estandarte.'. Los turbantes de los sarracenos, como coronas, eran su adorno y motivo de jactancia. El rico botín los mantenía abundantemente provistos de ellos y los renovaba con frecuencia. Tomar el turbante significa proverbialmente hacerse musulmán. Además, los árabes se distinguían antiguamente por las mitras que llevaban."16
"Y sus caras como caras de hombres." "La gravedad y firmeza. de propósito [del árabe] se nota en su exterior; ... su único ademán consiste en acariciarse la barba, símbolo venerable de la virilidad. ... Es muy fácil . . . herir el honor de sus barbas."17

VERS. 8: Y tenían cabellos como cabellos de mujeres: y sus dientes eran como dientes de leones.


"Las mujeres consideran el cabello largo como un adorno. Los árabes, en contraste con otros hombres, llevaban el cabello como las mujeres, es decir sin cortarlo, según Plinio y otros anotan que era su costumbre. Pero no había nada afeminado en su carácter;
porque, como para denotar su ferocidad y fuerza para devorar, sus dientes eran como dientes de leones."

VERS. 9: Y tenían corazas como corazas de hierro; y el estruendo de sus alas, como el ruido de carros que con muchos caballos corren a la batalla.


"La coraza se usaba entre los árabes en los días de Mahoma. En la batalla de Ohud (la segunda que peleó Mahoma) contra los coreítas de la Meca (624), '700 de ellos estaban armados de corazas.'"
"La carga de los árabes no era, como la de los griegos y romanos, es esfuerzo de una infantería firme y compacta. Su fuerza militar se componía mayormente de caballería y arqueros.'. . . Al toque de la mano, los caballos árabes arrancan con la velocidad del viento. *E1 estruendo de sus alas, como el ruido de carros que con muchos caballos corren a la batalla.' Sus conquistas fueron maravillosas tanto por su rapidez como por su extensión, y su ataque era instantáneo. No tuvo menos éxito contra los romanos que contratos persas."20

VERS. 10, 11: Y tenían colas semejantes a las de los escorpiones, y tenían en sus colas aguijones; y su poder era de hacer daño a los hombres cinco meses. Y tienen sobre sí por rey al ángel del abismo, cuyo nombre en hebraico es Abaddon, y en griego, Apollyon.
"Hacer daño a los hombres cinco meses."
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Se suscita la pregunta: ¿A qué hombres habían de dañar durante cinco meses? Indudablemente a los mismos a quienes más tarde habían de matar (véase el vers. 15), a saber, "la tercera parte de los hombres," o sea un tercio del Imperio Romano, su división griega.

¿Cuando iban a empezar a atormentarlos? El vers. 11 contesta la pregunta.
"Y tienen sobre sí por rey." Desde la muerte de Mahoma hasta casi fines del siglo XIII, estuvieron los mahometanos divididos en varias facciones bajo diversos caudillos, pero sin gobierno civil general que los abarcase a todos. Hacia fines del siglo XIII, Otmán fundó un gobierno o imperio que creció hasta extenderse sobre todas las principales tribus mahometanas, consolidándolas en una gran monarquía.


Su rey se llama el "ángel del abismo." Un ángel significa un mensajero o ministro, sea bueno o malo, y no siempre un ser espiritual. El "ángel del abismo" sería el ministro principal de la religión que salió de allí cuando fue abierto. Esa religión es el mahometismo, y el sultán era su ministro principal.


Su nombre, en lengua hebraica, es "Abaddon," el destructor; en griego, "Apoliyon," exterminador, o destructor. Por el hecho de que tiene dos nombres diferentes, en dos idiomas, es evidente que el carácter más bien que el nombre del poder es lo que se quiere representar aquí. En tal caso, como se expresa en ambos idiomas, es un destructor. Tal ha sido siempre el carácter del gobierno otomano.

Pero ¿cuándo realizó Otmán su primer asalto contra el imperio griego? Según Gibbon, "fue el 27 de julio del año 1299 de la era cristiana, cuando Otmán invadió por primera vez el territorio de Nicomedia; y la exactitud singular de la fecha parece revelar cierta previsión del crecimiento rápido y destructor del monstruo. "
Von Hammer, el historiador alemán de Turquía, y otros autores fijan este acontecimiento en 1301. Pero ¿qué fecha atestiguan las fuentes históricas de la época? Pachymeres es un historiador eclesiástico y secular que nació en Nicea, ciudad situada en la región invadida por Otmán, y escribió su historia precisamente durante ese período, pues concluyó su obra hacia 1307, de modo que era contemporáneo de Otmán.

Posino, en 1669, elaboró una cronología completa de la historia de Pachymeres, dando las fechas de los eclipses de la luna y el sol, como también otros sucesos registrados por Pachymeres en su obra. Acerca de la fecha de 1299, Posino dice:

"Ahora nos toca dar la época exacta y fundamental del Imperio Otomano. Trataremos de hacerlo comparando cabalmente las fechas dadas por los cronistas árabes con el testimonio de nuestro Pachymeres. Esto último autor relata en el cuarto libro de su segunda parte, capítulo 25, que Atmán [nombre griego de Otmán] se fortaleció asumiendo el comando de una banda muy fuerte de guerreros audaces y enérgicos de Paflagonia. Cuando Muzalo, jefe del ejército romano, intentó cerrarle el paso, lo derrotó en una batalla cerca de Nicomedia, capital de Bitinia. Desde entonces el dueño del campo de batalla mantuvo esa ciudad como sitiada. Ahora bien, Pachymeres es muy explícito al declarar que esos acontecimientos ocurrieron en la vecindad inmediata de Bafeum, no lejos de Nicomedia, el 27 de julio. El año, aseveramos en nuestra sinopsis, tras comparar cuidadosamente los sucesos, fue el que corresponde al 1299 de nuestro Señor."

La sinopsis a la cual alude Posino da la fecha en la cual se unieron los de Paflagonia con las fuerzas de Otmán, cosa que sucedió el 27 de julio de 1299 de la era cristiana, el quinto año del papa Bonifacio VIII y el sexto de Miguel Paleólogo. La declaración es como sigue:
"Atmán [Otmán], el sátrapa de los persas, llamado también Otomanos, fundador de la aun reinante dinastía de los turcos, se fortaleció al unir consigo un gran número de feroces bandidos de Paflagonia."28
Los de Paflagonia, bajo los hijos de Amurio, se unieron a Otmán en su ataque del 27 de julio, de manera que dos veces nos da Posino la fecha 1299 como la del suceso.

Gregoras, también contemporáneo de Otmán, apoya a Gibbon y Pachymeres, al establecer la fecha 1299 en su relato de la división de Anatolia. La división entre diez emires turcos se realizo en 1300, según lo corroboran historiadores fidedignos. Gregoras declara que en la división Otmán recibió el Olimpo y ciertas partes de Bitinia, lo cual indica que Otmán ya había peleado la batalla de Bafeum y había conquistado ciertas partes de ese territorio grecorromano.

"Los cálculos de algunos autores se han basado en la suposición de que el período debía iniciarse con la fundación del Imperio Otomano; pero esto es evidentemente un error; porque no sólo habían de tener rey sobre ellos, sino que habían de atormentar a los hombres cinco meses. Pero el período de tormento no podía principiar antes del primer ataque de los atormentadores; que se produjo, como se ha declarado ya, el 27 de julio de 1299." 24
El cálculo que sigue, basado en ese punto de partida, fue hecho y publicado por primera vez en una obra titulada "Christ's Second Coming" (La segunda venida de Cristo), por Josías Litch, en 1838.

" *Y su poder era de hacer daño a los hombres cinco meses.* Tal era el plazo que les era concedido para atormentarlos por depredaciones constantes, pero sin matarlos políticamente: 'Cinco meses' de treinta días por mes son 150 días], es decir 150 años. Comenzando el 27 de julio de 1299, el total de los 150 años llega a 1449. Durante todo ese lapso los turcos estuvieron empeñados en una guerra casi perpetua con el Imperio Griego, pero sin vencerlo. Se apoderaron de varias provincias griegas y las conservaron, pero la independencia griega se mantenía en Constantinopla. Sin embargo, en 1449, al terminarse los 150 años, se produjo un cambio,"25 cuya historia se encontrará bajo la trompeta siguiente.

 

La Sexta Trompetas de Apocalipsis 9

Foto Cortseía de Pixabay

VERS. 12-15: El primer ¡Ay! es pasado: he aquí, vienen aún dos ayes después de estas cosas. Y el sexto ángel tocó la trompeta; y oí una voz de los cuatro cuernos del altar de oro que estaba delante de Dios, diciendo al sexto ángel que tenía la trompeta: Desata los cuatro ángeles que están atados en el gran río Eufrates. Y fueron desatados los cuatro ángeles que estaban aparejados para la hora y día y mes y año, para matar la tercera parte de los hombres.

La sexta trompeta.-"El primer ay iba a continuar desde el nacimiento del mahometismo hasta el fin de los cinco meses. Terminaría entonces y empezaría el segundo ay. Y cuando el sexto ángel tocó la trompeta, le fue ordenado que quitase las restricciones que habían sido impuestas a la nación para que se limitase a atormentar a los hombres; y su comisión se extendió a matar la tercera parte de los hombres. Esta orden procedió de los cuatro cuernos del altar de oro."

Los cuatro ángeles.-Estos son los cuatro principales sultanatos que componían el Imperio Otomano, situados en la región regada por el Eufrates. Estos sultanatos tenían su sede en Alepo, Iconio, Damasco y Bagdad. Antes habían tenido restricciones; pero Dios dio una orden y se vieron sueltos. Hacia fines de 1448, al acercarse el final del período de 150 años, Juan Paleólogo murió sin dejar hijo que le sucediese en el trono del Imperio Oriental. Su hermano Constantino, sucesor legítimo, no se atrevió a subir al trono sin el consentimiento del sultán turco. Por lo tanto, fueron enviados embajadores a Andrinópolis, recibieron la aprobación del sultán, y volvieron con presentes para el nuevo soberano. A principios de 1449, en tan ominosas circunstancias, fue coronado el último de los emperadores griegos.

Así relata el caso el historiador Gibbon en su obra monumental:

"A la muerte de Juan Paleólogo, ... la familia real, por la muerte de Andrónico, y la profesión monástica de Isidoro, se vio reducida a tres príncipes: Constantino, Demetrio y Tomás, hijos sobrevivientes del emperador Manuel. El primero y el último de éstos se hallaban lejos en Morca. ... La emperatriz madre, el senado y los soldados, el clero y el pueblo, se mostraron unánimes en favor del sucesor legítimo; y el déspota Tomás, quien ignorando el cambio, volvió accidentalmente a la capital, se puso a defender con celo apropiado los intereses de su hermano ausente.

Nos dice el historiador Franza que un embajador fue enviado inmediatamente a la corte de Andrinópolis. Amurates le recibió con honores y lo despidió con regalos; pero la misericordiosa aprobación del sultán turco anunció su supremacía, y la caída inminente del Imperio Oriental. Las manos de los ilustres diputados colocaron en Esparta la corona imperial sobre la cabeza de Constantino."27

"Examínese cuidadosamente este hecho histórico en relación con la predicción ya dada. No fue un asalto violento lanzado contra los griegos, que derribó su imperio o les quitó su independencia, sino simplemente una entrega voluntaria de esa independencia en manos de los turcos, al decir: 'No puedo reinar a menos que me lo permitáis."

Los cuatro ángeles fueron soltados para una hora, un día,, un mes y un año, con autorización de matar la tercera parte de los hombres. Este período durante el cual debía ejercerse la supremacía otomana, suma 391 años y quince días. Se llega así a ese resultado: Un año profetico son 360 días, o 360 años literales; un mes profético son 30 días, o 30 años literales; un día profético  es un año literal; y una hora o 1/24 de día profetico es 1/24 de año, o sea medio mes literal, lo cual da un total de 391 años y 15 días.

"Pero aunque los cuatro ángeles fueron así soltados por la voluntaria sumisión de los griegos, otra suerte infortunada aguardaba la sede del imperio. Amurates, el sultán al cual se presentó la sumisión de Bracoses, y por cuyo permiso reinó en Constantinopla, no tardó en morir y le sucedió en el imperio, en 1451, Mahoma II, quien pronto codició a Constantinopla y resolvió hacerla su presa.

"Por consiguiente hizo preparativos para sitiar la ciudad y tomarla. El sitio empezó el 6 de abril de 1453, y terminó con la toma de la ciudad y la muerte del último de los Constantinos, el 16 de mayo siguiente. Y la ciudad oriental de los Césares pasó a ser sede del Imperio Otomano."
Las armas y los métodos de guerrear que se usaron en el sitio que hizo caer a Constantinopla y la redujo a sujeción habían sido notados distintamente, como veremos, por el profeta.
*
VERS. 16: Y el número del ejército de los de a caballo era doscientos millones. Y oí el número de ellos.

"¡Innumerables hordas de caballos y sus jinetes! Gibbon describe como sigue la primera invasión de los territorios romanos por los turcos: 'Las miríadas de los turcos cubrían una frontera. de mil kilómetros, desde el Tauro hasta Erzerum. y la sangre de 130.000 cristianos fue el sacrificio grato al profeta árabe.' El lector debe juzgar si el número está destinado a impartir la idea de una cifra exacta. Algunos suponen que lo que se quiere decir es dos veces 200.000 y luego, siguiendo a algunos historiadores, encuentran que tal era el número de los guerreros turcos que participaron en el sitio de Constantinopla. Algunos piensan que 2oo.ooo.ooo es el número de todos los guerreros turcos que hubo durante los 391 años y quince días de su triunfo sobre los griegos." Nada se puede afirmar sobre el punto, ni es esencial tampoco.

VERS. 17: Y así vi los caballos en visión, y los que sobre ellos estaban sentados, los cuales tenían corazas de fuego, de jacinto, y de azufre. Y las cabezas de los caballos eran como cabezas de leones; y de la boca de ellos salía fuego y humo y azufre.

La primera parte de la descripción puede referirse al aspecto de esos jinetes. En cuanto a su color, el fuego es rojo, pues .se dice comúnmente "rojo como el fuego;" el jacinto es azul: y el azufre amarillo. Tales eran los colores que predominaban en la indumentaria de esos guerreros: de manera que la descripción correspondería exactamente al uniforme de los turcos, que se compone mayormente de rojo, o escarlata, azul y amarillo. Las cabeza de los caballos tenían apariencia de cabezas de leones, para denotar su fuerza, su valor y su ferocidad; mientras que la última parte del versículo se refiere indudablemente al uso de la pólvora y las armas de fuego para los fines bélicos, pues dicho uso acababa de iniciarse. Mientras los turcos descargaban sus armas de fuego desde el lomo de sus caballos, ello daba a quien los miraba de lejos, la impresión de que salía fuego, humo y azufre de la boca de los caballos.


Los comentadores concuerdan en que la profecía relativa al fuego, el humo y el azufre se aplica al empleo de la pólvora por los turcos en su guerra contra el Imperio Oriental. Pero aluden generalmente tan sólo a los grandes cañones empleados por aquella potencia; mientras que la profecía menciona especialmente los "caballos" y el fuego que "salía de la boca de ellos," como si se usaran armas más pequeñas, y eso desde arriba del caballo. Barnes piensa que tal era el caso; y una declaración de Gibbon confirma la opinión. Dice él: "Las incesantes andanadas de lanzas y saetas iban acompañadas del humo, el ruido y el fuego de sus mosquetes y cañones."32 Tenemos aquí una buena evidencia de que los turcos usaban mosquetes; y en segundo lugar es indisputable que en su método general de guerrear peleaban principalmente a caballo. Halla entonces apoyo la inferencia de que usaban armas de fuego a caballo y cumplían con exactitud la profecía según la ilustración ya aludida.

Acerca del uso de las armas de fuego por los turcos en su campaña contra Constantinopla, Elliott tiene esto que decir:

"Al 'fuego humo y azufre.' a la artillería y las armas de fuego de Mahoma. se debió la matanza del tercio de los hombres, es decir, la toma de Constantinopla, y por consecuencia la destrucción del Imperio Griego. Más de 1.100 años habían transcurrido desde su fundación por Constantino. Durante ese lapso, los godos, los hunos, los árabes, los persas, los búlgaros, los sarracenos, los rusos y aun los mismos turcos otomanos habían lanzado contra ella sus asaltos hostiles o la habían sitiado. Pero las fortificaciones les resultaron inexpugnables. Constantinopla sobrevivió, y con ella el Imperio Griego. De ahí la ansiedad que sentía el sultán Mahoma por hallar algo que eliminara el obstáculo. Preguntó al fundidor de cañones que desertó y se pasó a su lado:

'¿Puedes fundirme un cañón de tamaño suficiente para derribar la muralla de Constantinopla?' Entonces se estableció la fundición de Andrinópolis, se fundió el cañón, se preparó la artillería, y el sitio empezó.

"Merece observarse cómo Gibbon, siempre comentador inconsciente de la profecía apocalíptica, coloca en primer plano de su cuadro este nuevo instrumento de guerra, en su elocuente y vivida narración de la catástrofe final del Imperio Griego. En su preparación para ello, da la historia de la reciente invención de la pólvora, 'aquella mezcla de salitre, azufre y carbón de leña;' habla, como ya se ha dicho, de la fundición de cañones en Andrinópolis; luego, en el progreso del sitio, describe cómo 'las andanadas de lanzas y saetas iban acompañadas del humo, el ruido y el fuego de los mosquetes y los cañones;' cómo 'la larga hilera de la artillería turca apuntaba contra las murallas, y tronaban catorce baterías a la vez contra los lugares más accesibles;' cómo 'las fortificaciones que habían resistido durante siglos a la violencia hostil fueron desmanteladas por todos lados por los cañones otomanos, se abrieron muchas brechas, y cerca de la puerta de San Román, cuatro torres fueron niveladas a ras del suelo;' cómo 'desde las líneas, las galeras y el puente, la artillería otomana tronaba de todos lados, y tanto el campo como la ciudad, los griegos como los turcos, se veían envueltos en una nube de humo, que sólo podía ser disipada por la liberación final o la destrucción del Imperio Romano;' y cómo finalmente al precipitarse los sitiadores por las brechas, 'Constantinopla quedó irremisiblemente subyugada, su imperio subvertido y su religión pisoteada en el polvo por los conquistadores musulmanes.' Digo que merece observarse cuan señalada y vividamente Gibbon atribuye la toma de la ciudad y así la destrucción del imperio, a la artillería otomana. Porque ¿qué hace él si no un comentario de las palabras de la profecía? 'De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: del fuego, y del humo, y del azufre, que salían de la boca de ellos."

VERS. 18, 19: De estas tres plagas fue muerta la tercera parte de los hombres: del fuego, y del humo, y del azufre, que salían de la boca de ellos. Porque su poder está en su boca y en sus colas: porque sus colas eran semejantes a serpientes, y tenían cabezas, y con ellas dañan.

Este versículo expresa el efecto mortífero del nuevo método de guerrear. Mediante esos tres agentes: la pólvora, las armas de fuego portátiles y los cañones, fue vencida finalmente Constantinopla y entregada en manos de los turcos.

Además del fuego, el humo y el azufre que parecían salir de sus bocas, se dice que su poder estaba también en sus colas. El significado de la expresión parece ser que las colas de los caballos eran el símbolo o emblema de su autoridad. Es un hecho notable que la cola de caballo es un bien conocido estandarte turco símbolo de un cargo y autoridad. La imagen que vio Juan parece haber consistido en caballos que lanzaban fuego y humo y, lo que era igualmente extraño, vio que su poder de esparcir desolación estribaba en la cola de los caballos. Cualquiera que mirase un cuerpo de caballería con tales estandartes o enseñas se sorprendería de esta apariencia insólita o notable, y hablaría de sus banderas como de lo que concentraba y dirigía su poder.

Esta supremacía de los mahometanos sobre los griegos iba a continuar, como ya se ha indicado, 391 años y quince días. "Comenzando en el momento en que terminaron los 150 años, en 1449, el período había de terminar el 11 de agosto de 1840. A juzgar por la manera en que comenzó la supremacía otomana, a saber por un reconocimiento voluntario de parte del emperador griego de que sólo reinaba por permiso del sultán turco, habríamos de concluir naturalmente que la caída o desaparición de la independencia turca se habría de producir de la misma manera; y que al fin del período especificado [es decir, el 11 de agosto de 1840] el sultán habría de entregar voluntariamente su independencia en las manos de las potencias cristianas' exactamente como, 391 años y quince días antes, la había recibido de manos del emperador cristiano Constantino XIII.

Esta fue la aplicación que dio a la profecía Josías Litch y la conclusión a la cual llegó en 1838, dos años antes que ocurriera el suceso que esperaba. Predijo en dicho año que la potencia turca caería "en algún momento del mes de agosto de 1840;" pero pocos días antes del cumplimiento de la profecía concluyó más definidamente que el período concedido a los turcos acabaría el 11 de agosto de 1840. Era un cálculo puramente basado en los períodos proféticos de la Escritura. Es propio preguntarse si los sucesos se verificaron de acuerdo con los cálculos. El asunto se resume como sigue:

¿Cuándo terminó la independencia mahometana en Constantinopla?-Desde varios años antes de 1840, había estado el sultán envuelto en una disputa con Mehemet Alí, bajá de Egipto. "En 1838 habría habido guerra entre el sultán y su vasallo egipcio, si no hubiese refrenado a éste la influencia de los embajadores extranjeros. . . . En 1839 comenzaron de nuevo las hostilidades y siguieron hasta que en una batalla general entre los ejércitos del sultán y Mehemet, el ejército del sultán fue completamente destrozado y su flota capturada por Mehemet y llevada a Egipto. Tan completamente quedó reducida la flota del sultán que cuando comenzaron las hostilidades en agosto, sólo tenía dos barcos de primera línea y tres fragatas como tristes restos de lo que había sido una vez la poderosa flota turca. Mehemet se negaba positivamente a devolver dicha flota al sultán, y declaró que si las potencias procuraban quitársela, la quemaría. Así estaban las cosas cuando, en 1840, Inglaterra, Rusia, Austria y Prusia intervinieron y resolvieron arreglar la dificultad; porque era evidente que si se lo dejaba hacer, Mehemet no tardaría en ser dueño del trono del sultán."
El sultán aceptó esta intervención de las grandes potencias, y así entregó voluntariamente la cuestión a sus manos. Se celebró una conferencia de las potencias en Londres, con la asistencia del jeque Effendi Bey Likgis como plenipotenciario turco. Se preparó, para presentarlo al bajá de Egipto, un acuerdo por el cual el sultán le ofrecería el gobierno hereditario de Egipto, y toda la parte de Siria que se extiende desde el golfo de Suez hasta el lago de Tiberíades, juntamente con la provincia de Acre. por toda su vida. Por su parte, él habría de evacuar todas las regiones de los dominios del sultán que ocupaba entonces, y devolver la flota otomana. En caso de negarse a aceptar el ofrecimiento del sultán, las cuatro potencias tomarían el asunto entre sus manos, y usarían los medios que juzgaran convenientes para imponerle condiciones.

Es obvio que tan pronto como este ultimátum fuese entregado a Mehemet Alí, bajá de Egipto, el asunto escaparía para siempre del control del sultán, y la disposición de sus asuntos estaría desde entonces en las manos de las potencias extranjeras. El sultán envió a Rifat Bey a Alejandría en un vapor del gobierno, para que comunicase el ultimátum a Mehemet Alí. Dicho ultimátum le fue entregado en agosto de 1840. El mismo día, en Constantmopla, el sultán dirigió una nota a los embajadores de las cuatro potencias para preguntarles qué plan debía adoptarse en caso de que el bajá se negase a cumplir las condiciones del ultimátum, a lo cual contestaron ellos que habían sido tomadas las medidas necesarias, y que no tenía necesidad de alarmarse acerca de cualquier contingencia que pudiera presentarse.

Las siguientes citas comprueban los hechos:

"Por el vapor francés del 24, hemos recibido noticias de Egipto fechadas el 16. No revelan alteración en la resolución del bajá. Confiado en el valor de su ejército árabe y en la fuerza de las fortificaciones que defienden su capital, parece resuelto a atenerse a la última alternativa; y como es ahora inevitable que se recurra a ella puede considerarse como perdida toda esperanza de que el asunto se arregle sin derramamiento de sangre.

Inmediatamente después de la llegada del vapor 'Cyclops' con las noticias de la convención de las cuatro potencias, se dice que Mehemet abandonó Alejandría e hizo una corta jira por el Bajo Egipto. El objeto de su ausencia en tal momento era en parte evitar las conferencias con los cónsules europeos, pero principalmente procurar despertar con su presencia el fanatismo de las tribus beduínas y facilitar el reclutamiento de nuevas fuerzas. Durante el intervalo de su ausencia, el vapor del gobierno turco, que había llegado a Alejandría aquel día, con el enviado Rifa! Bey a bordo, estuvo, por sus órdenes, en cuarentena, y no fue liberado de ella hasta el 16. Sin embargo, antes de la salida del barco, y en el mismo día en que se le dio práctica, el ya nombrado funcionario tuvo una audiencia con el bajá y le comunicó la orden del sultán con respecto a la evacuación de las provincias sirias, y se fijó otra audiencia para el día siguiente cuando en presencia de los cónsules de las potencias europeas, recibiría de él su respuesta definitiva, y le informaría de cuál era la alternativa si rehusaba obedecer, dándole los diez días que le concedía la convención para decidir la conducta que considerara propio seguir."

El corresponsal del Moming Chronicle, d:e Londres, en una comunicación fechada en "Constantinopla, el 12 de agosto de 1840," dice

"Poco puedo añadir a mi última carta con respecto a los planes de las cuatro potencias; y creo que los detalles que les di entonces componen todo lo que se ha decidido hasta aquí. La porción del bajá, como lo expuse entonces, no se ha de extender más allá de la línea de Acre, y no incluye Arabia ni Candía. El Egipto solo ha de ser hereditario en su familia, y la provincia de Acre se ha de considerar como un bajalato que será gobernado por su hijo mientras viva, pero dependerá después de la voluntad de la Puerta; y aun esto último se le concederá con tal que acepte estas. condiciones y entregue la flota otomana dentro de un plazo de diez días.

En caso de que no lo haga, este bajalato será suprimido. Se le ofrecerá entonces solamente el Egipto, con otros diez días para deliberar antes de emplear la fuerza contra él. Sin embargo, la manera en que se emplearía la fuerza, si se negara a cumplir las condiciones, si se bloquearía simplemente la costa, o si se bombardearía su capital y se atacarían sus ejércitos en las provincias sirias, es lo que queda por saberse; ni tampoco ilumina en lo mínimo este punto una nota entregada ayer por los cuatro embajadores, en respuesta a una pregunta que les hizo la Puerta acerca del plan que se adoptaría en tal caso. Declara simplemente que se han tomado las medidas necesarias, y que el Diván no necesita alarmarse acerca de cualesquiera contingencias que pudieran presentarse después,,"38
Analicemos las citas que anteceden:

Primero.-El ultimátum llegó a Alejandría el 11 de agosto de 1840.
Segundo.-La carta del corresponsal del Moming Chronicle, de Londres, lleva la fecha del 12 de agosto de 1840.
Tercero.-El corresponsal declara que la pregunta de la Sublime Puerta fue presentada a los representantes de las cuatro grandes potencias, y la respuesta se recibió "ayer." Así que, en su propia capital, "ayer" la Sublime Puerta se dirigió a los embajadores de las cuatro potencias cristianas de Europa para saber qué medidas se habían tomado con referencia a una circunstancia que afectaba vitalmente su imperio; y se le dijo que se habían "tomado las medidas necesarias" pero no pudo saber cuáles eran; aunque se le comunicó que no necesitaba alarmarse "acerca de cualesquiera contingencias que pudieran presentarse." Desde aquel día, "ayer," que era el 1 de agosto de 1840, las cuatro potencias cristianas de Europa, y no la Sublime Puerta, iban a manejar las tales contingencias.

El 11 de agosto de 1840 terminó el plazo de 391 años y quince días concedido para la duración del poder otomano: y ¿qué sucede con la independencia del sultán? DESAPARECE. ¿A que manos pasa la supremacía del Imperio Otomano? A las de las cuatro grandes potencias; y ese imperio ha continuado existiendo desde entonces tan sólo por tolerancia de esas potencias cristianas. Así se cumplió la profecía al pie de la letra.

Desde que se publicó por primera vez el cálculo relativo a este asunto en 1838, como se ha referido ya, miles de personas observaron con interés el momento fijado para el cumplimiento de la profecía. Cuando ésta se cumplió con exactitud en el acontecimiento mencionado y se demostró correcta la aplicación que se había dado a la profecía, ello dio gran ímpetu al gran movimiento adventista que comenzaba a atraer la atención del mundo.

VERS. 20, 21: Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, aun no se arrepintieron de las obras de sus manos, para que no adorasen a los demonios, y a las imágenes de oro, y de plata, y de metal, y de piedra, y de madera; las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar: y no se arrepintieron de sus homicidios, ni de sus hechicerías, ni de su fornicación, ni de sus hurtos.

Dios quiere que los hombres tomen nota de sus juicios y aprendan las lecciones que con ellos quiere enseñarles. Pero ¡cuan tardos son en aprender, y cuan ciegos a las indicaciones de la Providencia! Los sucesos que ocurrieron mientras tocaba la sexta trompeta constituyeron el segundo ay, y sin embargo esos castigos no indujeron a los hombres a mejorar su conducta y moralidad. Los que escaparon no aprendieron nada de su manifestación en la tierra.
Las hordas de sarracenos y turcos fueron soltadas sobre la cristiandad apóstata como azote y castigo. Los hombres sufrieron el castigo, pero no aprendieron lección alguna de él.

 

Referencias: Eduardo Gibbon, "History of the Decline and Fall of the Román Empire" (Historia de la decadencia y caída del Imperio Romano), caps. 30-33, Contribución: Estudios De Torah, Enigmas y Hechos Asombrosos. Revisado munizrodriguezfirm
 

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Las Siete Iglesias del Apocalipsis



Las siete ciudades a cuyas iglesias Juan escribió sus bien conocidas cartas desde la isla de Patmos, estaban en el Asia Menor occidental. Dos de ellas, Efeso y Esmirna, eran grandes ciudades portuarias; y tres, Tiatira, Filadelfia y Laodicea, como eran centros industriales y comerciales de las zonas en donde estaban situadas, disfrutaban de gran prosperidad e importancia económica. Sardis y Pérgamo habían sido anteriormente capitales de poderosos reinos, y aún tenían gran influencia política en el tiempo de Juan. Toda la zona en la cual estaban las siete iglesias del Apocalipsis, es rica en recuerdos históricos del período de los comienzos del cristianismo y desempeñó un papel importante en la historia antigua. En este breve capítulo sólo se pueden mencionar unos pocos de los hechos históricos más destacados.

La mayor parte de las ciudades costeras del Asia Menor occidental fueron fundadas por tribus de Anatolia; pero los colonizadores griegos se apoderaron de ellas desde muy antiguo. Por esta razón la Anatolia occidental tuvo una cultura fuertemente helenizada por muchos siglos. Durante los siglos VII y VI a. C., el poderoso reino de Lidia, que predominó sobre más de la mitad del Asia Menor, tuvo su capital en Sardis, una de las siete ciudades del Apocalipsis. Este reino cayó en manos de los persas cuando Ciro derrotó a Creso, y en 547 a. C. tomó su capital fortificada aunque se la consideraba inexpugnable. Durante los dos siglos siguientes los griegos de la zona costera del Asia Menor occidental lucharon continuamente contra el dominio persa, aunque no con mucho éxito, hasta que Alejandro Magno los liberó de su yugo. Durante el período helenístico, que siguió a la muerte de Alejandro, nuevamente hubo mucha actividad bélica. En ese tiempo se estableció el rico reino de Pérgamo, Estado que predominó en aquella zona durante casi 150 años, hasta que fue conquistado por Roma en el siglo II a. C. Durante más de cuatro siglos Roma administró esta región, a la que llamaba la "Provincia de Asia", con Pérgamo como su capital política.


Durante este tiempo disfrutaron de su máxima gloria y riqueza algunas de las ciudades cuyos nombres son bien conocidos para nosotros gracias al libro del Apocalipsis. También experimentaron un formidable cambio religioso cuando el paganismo dio paso a la religión cristiana. El primer misionero cristiano que probablemente llevó el Evangelio al Asia Menor occidental fue el apóstol Pablo. Visitó varias veces algunas de sus ciudades durante sus diversos viajes misioneros (Hech. 18: 19; 92 19: 1; 20: 17; 1Tim. 1: 3), y vivió en una de ellas, en Efeso, durante tres años (Hech. 20: 31). Desde esa ciudad el Evangelio se propagó rápidamente a otras partes importantes del Asia Menor occidental. Las iglesias de por lo menos dos de las ciudades de esta zona fueron favorecidas directamente con cartas personales de Pablo: Colosas, Efeso (ver la Introducción a Efesios) y Laodicea (Col. 4: 16). Otra iglesia de esa zona se menciona en forma específica: Hierápolis (Col. 4: 13).

Efeso posteriormente se convirtió durante muchos años en el centro de una gran actividad ministerial de Juan, hasta que su obra fue detenida debido a la persecución que sufrieron los cristianos durante el reinado de Domiciano a fines del siglo I. El anciano apóstol fue torturado y después desterrado a Patmos, en el mar Egeo (ver pp. 86-90). En esa Patmos volcánica y rocosa, que está sólo a unos 55 km de la costa del Asia Menor y a unos 80 km de Efeso, fue donde Juan contempló en visión la historia de la iglesia cristiana a través de los siglos hasta el fin del tiempo- Fue allí donde recibió los mensajes divinos para las siete iglesias (Apoc. 2; 3).

Después de que los apóstoles y otros misioneros establecieron un firme fundamento en el siglo I d. C., el Asia Menor se convirtió en un baluarte del cristianismo durante muchos siglos. Algunos famosos padres de la iglesia fueron oriundos del Asia Menor, y allí se celebraron varios importantes concilios eclesiásticos. Sin embargo, el cristianismo oriental gradualmente perdió su vigor espiritual, con el resultado de que no pudo resistir los decididos ataques de diversos invasores no cristianos, quienes de tanto en tanto penetraron en el Asia Menor durante la Edad Media y finalmente se apoderaron de toda esa región en forma permanente. Los últimos de ellos fueron los turcos, que no sólo ocuparon el territorio sino que, como musulmanes, erradicaron en forma tan completa el cristianismo que, aunque se pueden encontrar ruinas de iglesias cristianas en la mayoría de las ciudades, sólo hay unos pocos santuarios cristianos que aún están en uso hoy día.


Las ciudades de las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3 están relativamente cerca una de la otra. Si se las visita en el orden en que aparecen los mensajes, la distancia nunca supera 100 km entre una y otra. Se puede perfectamente seguir hoy esta ruta. La distancia entre Pérgamo, la iglesia más al norte, y Laodicea, la que está más al sur, es de algo más de 200 km en línea recta. Ver el mapa frente a la p. 33 del t. VI. Desde los tiempos más antiguos han existido caminos transitables para comunicar las siete ciudades, y durante el período persa se construyeron excelentes rutas, según lo atestiguan autores clásicos.

Los romanos, que eran conocidos durante toda la antigüedad como grandes constructores de caminos, también mejoraron y extendieron el sistema de rutas que ya existía. Por lo tanto, eran comparativamente buenas las condiciones para viajar entre las siete iglesias durante el período apostólico. Pero después de la caída del Imperio Romano los caminos fueron descuidados. Los viajeros se han quejado durante siglos por las malas condiciones de las carreteras del Asia Menor, lo que hacía que los viajes fueran sumamente difíciles y cansadores. Hoy en día las rutas y las comodidades de viaje son excelentes.

El Asia Menor occidental es una región favorecida por la naturaleza. Su proximidad al mar Mediterráneo le proporciona un clima relativamente suave. Las ciudades costeras como Efeso, Esmirna y Pérgamo, disfrutan de un clima agradable todo el año. Las ciudades de tierra adentro como Laodicea y Filadelfia, aunque participan en cierta medida del clima continental de la altiplanicie de la Turquía central, con algo de nieve en el invierno, sin embargo están suficientemente próximas al Mediterráneo para beneficiarse con sus vientos templados durante la mayor parte del año. La región es montañosa y en algunas partes muy escabrosa. Abunda la agricultura. Se producen frutas propias de los climas frescos, como damascos, manzanas y fresas, y también aceitunas y dátiles, productos típicos de la zona del Mediterráneo.

Esta región es regada por una cantidad de ríos de un caudal regular, algunos de los cuales se han hecho famosos en la historia antigua; uno de ellos es el río Meandro, que sigue un curso tan sinuoso al correr hacia el mar, que su nombre se ha inmortalizado en la palabra "meandro", la cual se aplica a las curvas o sinuosidades de los ríos, como las del jordán, en Palestina.


Efeso



La iglesia cristiana de Efeso fue la primera a la cual Juan dirigió una carta desde su destierro en la isla de Patmos; pero la ciudad era también muy importante por otras circunstancias. Efeso compartía con Antioquía de Siria y Alejandría, en Egipto, el honor de ser una de las ciudades más grandes e importantes del mundo oriental en el Imperio Romano. Pero su mayor honor era que tenía el Artemision, uno de los templos más grandes y más famosos de la antigüedad, dedicado a la diosa Artemisa, que los romanos llamaban Diana.

Efeso, a diferencia de otras ciudades famosas del Asia occidental, se encuentra ahora en ruinas; su lugar está abandonado. En su vecindad se halla el pueblo turco antes llamado Aya Soluk, desbastación fonética de Hágios Theólogos, "el santo teólogo", título que primero se le dio a Juan y más tarde al pueblo. El nombre actual del pueblo es Selyuk. Se encuentra a unos 75 km de lzmir, la antigua Esmirna, y se puede llegar a él por carretera o por ferrocarril.

En Selyuk se ven las ruinas de un viejo acueducto que antiguamente proporcionaba agua a Efeso. Al oeste de la aldea está el monte sagrado de Efeso, cuya cima ahora se halla ocupada con las ruinas de la fortaleza de Aya Soluk. Dentro de los muros de la fortaleza se encuentran las ruinas de la basílica de San Juan el Teólogo. Originalmente sólo había una capillita en ese sitio, donde según la tradición fue sepultado Juan; pero el emperador Justiniano (527-565 d. C.) construyó en su lugar una magnífica basílica de unos 110 m de largo. Esta iglesia era superada en belleza y dimensiones únicamente por la de Santa Sofía, en Constantinopla. Lamentablemente, como muchas otras del Asia Menor, ahora se halla en ruinas, y de sus paredes y columnas de mármol sólo quedan pedazos.

Al sudeste de la basílica de San Juan están las ruinas de la monumental mezquita del sultán Isa I, edificio de 60 por 53 m, que fue construido en el siglo XIV. Cerca de esta mezquita estaba el famoso Artemision, que ahora es una profunda depresión que en ciertas épocas del año está llena de agua. Si no fuera porque el Servicio de Antigüedades ha colocado allí un cartel para hacerles saber a los turistas que ése es el lugar donde estuvo el gran templo de Diana, la mayoría de los visitantes pasarían por allí sin reconocer el sitio donde una vez estuvo uno de los edificios más importantes de la antigüedad.
Este templo fue destruido en forma tan completa, que hasta el lugar donde había estado cayó en el olvido. J. T. Wood hizo excavaciones en Efeso por cuenta del Museo Británico, de 1863 a 1874, en las que gastó unos 80.000 dólares. Su principal meta era encontrar el Artemision, y lo logró después de varios años de búsqueda y de haber removido unos 100.000 metros cúbicos de tierra; pero sólo descubrió las piedras de los cimientos del gran edificio, sepultadas bajo unos 7 m de escombros y tierra. Wood también descubrió que el templo descansaba sobre una plataforma, a la que se subía por una escalinata circular de diez peldaños. El templo tenía 110m de largo y 55 m de ancho, y cubría cuatro veces la superficie del famoso Partenón de Atenas. Tenía 117 columnas (Plinio dice erróneamente 127) con una altura de unos 20 m y unos 2,15 de diámetro cada una. En 36 de ellas había esculturas de figuras humanas de tamaño natural.

Por registros antiguos sabemos que el anterior templo de Diana estuvo en construcción durante 120 años antes de que fuera terminado entre 430 y 420 a. C. Se dice que este edificio fue destruido en el año 356 a. C., la noche en que nació Alejandro Magno, y luego fue reedificado con mayor esplendor que antes. La famosa estatua de Artemisa, diosa de la caza y de la fertilidad, estaba en el santuario interior del templo. Algunos antiguos escritores afirman que estaba hecha de madera negra cubierta parcialmente de oro, pero dejando al descubierto cabeza, brazos, manos y pies. Otros, como el escribano de la ciudad de los días de Pablo (Hech. 19: 35), afirmaban que había descendido del cielo, por lo que algunos eruditos deducen que fue construida con la piedra negra de un aerolito. Cualquiera que haya sido el material, la estatua era un símbolo de la fertilidad, por cuya razón su cuerpo estaba cubierto con muchos pechos.

La fama del Artemision se debió a muchos factores. Sus dimensiones y la belleza de su arquitectura lo convirtieron en uno de los más magníficos edificios de la antigüedad. Los antiguos lo incluían entre las siete maravillas del mundo. Además, numerosas estatuas y otras obras de arte, fruto de los más famosos artistas del mundo griego, estaban en el Artemision y aumentaron su fama. Muchos reyes y personas ricas donaron obras de arte para este templo como regalos consagrados a él. En el predio del templo se celebraban numerosos festines relacionados con el culto de Diana. Estas eran ocasiones en las que se comía y bebía con desenfreno y se practicaba la más crasa inmoralidad. La más espectacular de esas festividades duraba varios días durante el mes de artemisio (marzo-abril), que era dedicado a Artemisa. Durante ese mes llegaban muchos visitantes a la ciudad, y probablemente fue en esta ocasión cuando se produjo el tumulto contra Pablo (ver Hech. 19). El templo también era conocido como un lugar que concedía el derecho de asilo a los fugitivos políticos, privilegio sumamente estimado en la antigüedad. Además, uno de los bancos más ricos y más hábilmente administrado de la época pertenecía a los sacerdotes de este templo. El resultado era que grandes sumas de dinero se depositaban en sus bóvedas.

Por lo tanto, es fácil entender que cualquier esfuerzo por socavar la autoridad y la fama de esta institución encontraría una oposición muy decidida de los habitantes de Efeso y de todos los interesados en perpetuar su sistema. En antiguas inscripciones y también según las palabras del "escribano" ("magistrado", BJ) de Efeso, la ciudad era llamada neÇkóros "guardiana del templo" (Hech. 19: 35) o "custodio" de la gran Artemisa, título del cual los efesios estaban muy orgullosos. Por eso se produjo un gran tumulto cuando debido a la predicación de Pablo disminuyeron los ingresos de los que se ganaban la vida haciendo templecillos y estatuillas de Artemisa (Diana).

Aunque Pablo, que había pasado casi tres años trabajando en Efeso, salió de allí poco después del tumulto, la semilla que había sembrado produjo una abundante cosecha, y dos siglos más tarde toda la zona había recibido el cristianismo (ver mapa frente a p. 33); por lo tanto, el templo de Diana perdió su significado, y cuando fue incendiado por los godos en 262 d. C., se había reducido tanto su influencia que no fue reedificado. Sus columnas de mármol fueron derribadas y se usaron en la edificación de iglesias cristianas, algunas de ellas tan distantes como Constantinopla. Lo que quedó de esa gran maravilla del mundo fue usado por la población local como material de construcción. Sus grandes bloques de mármol fueron recortados y usados en la construcción de casas, o quemados y convertidos en cal. Finalmente todo el lugar quedó cubierto con escombros, y se olvidó por completo su ubicación hasta que Wood la volvió a descubrir en los tiempos modernos.

A corta distancia al sur del lugar del Artemision comienza el lugar de las ruinas de la ciudad, la más grande del Asia Menor en los días del apóstol Pablo. Basándose en los datos disponibles se ha estimado que Efeso tenía en el siglo II a. C. una población de 225.000 habitantes. La ciudad creció mucho durante el período romano.

La antigua Efeso, situada en la margen izquierda del río Caistro y en una pequeña bahía que formaba un puerto natural, era un importante centro comercial. No debía su importancia al Caistro, que no era el más largo ni el más importante río del Asia Menor occidental, sino a su ventajosa posición geográfica entre dos importantísimos ríos que regaban una rica región agrícola: el Meandro al sur y el Hermos al norte. Por eso muchas prósperas empresas de negocios estaban radicadas en Efeso, y su activa vida económica hacía de la ciudad una de las más ricas de la antigüedad.

Partiendo del Artemision, los visitantes entraban antiguamente en la ciudad por la puerta de Koresso, de la que sólo quedan algunos restos. Cerca están las ruinas del estadio y las del gimnasio de Vedio; en las ciudades griegas grandes había varios gimnasios en donde los jóvenes practicaban para los juegos atléticos.

Al continuar por el camino moderno que pasa por la ciudad antigua, pronto se llega al gran teatro, muy bien conservado, quizá el más grande del Asia Menor. Era un edificio monumental cuyas 66 hileras de asientos estaban construidas en la ladera occidental del monte Pion. Tenía capacidad para 24.500 espectadores sentados. El lugar de la orquesta tenía un diámetro de unos 35 m y el semicírculo de las gradas cerca de 200 m de diámetro. El escenario se ha derrumbado; pero las columnas que lo sostenían todavía están en pie así como partes de su tallada pared posterior, que en la antigüedad tenía tres pisos de altura. Este gran anfiteatro, donde se celebraban reuniones políticas, fue el escenario del tumulto contra el apóstol Pablo, vívidamente descrito en Hech. 19: 23-41. Cada vez que tenía que tomarse una decisión importante, la gente iba al teatro para oír el debate y dar a conocer sus pareceres ante las autoridades. Ver t. VI, ilustración frente a p. 353.

La construcción de los asientos de un teatro en la ladera de alguna colina o montaña, simplificaba la construcción y también mejoraba muchísimo la acústica. Desde la hilera más alta de los asientos del teatro se tiene una excelente y rápida visión de las ruinas de la ciudad antigua y sus alrededores. Al norte se halla el curso sinuoso del río Caistro. Un poco más cerca, parcialmente ocultas por árboles y arbustos, están las macizas ruinas de la iglesia de Santa María, en la cual se celebraron dos famosos concilios eclesiásticos: el del año 431 d. C., que oficialmente declaró a María como la madre de Dios, y el llamado "Latrocinio de Efeso" del año 449 d. C.

Al pie del teatro comienza la Arcadiana, calle de 11 m de ancho, la principal vía de unión entre el centro de la ciudad y el antiguo puerto al oeste. Su blanco pavimento de mármol brilla a la luz del sol. Una inscripción indica que esta vía era iluminada de noche con lámparas colgadas de sus columnas. Al final de la Arcadiana, donde antiguamente estaba el puerto, hay ahora campos verdes, más fértiles que cualesquiera otros de las proximidades, pues están formados por tierra de aluvión llevada por el Caistro. La actual costa del mar Egeo queda a unos 5 km hacia el oeste. La obstrucción del puerto con los sedimentos, que los antiguos no pudieron evitar a pesar de sus diligentes esfuerzos, fue una de las razones de la decadencia de Efeso como importante ciudad mercantil y de su abandono final.

Hacia el oeste, detrás del antiguo puerto, se levanta la colina de Astiages, en cuya falda hay una estructura que la tradición indica como la prisión de Pablo; sin embargo, no hay pruebas suficientes para creer que el apóstol estuvo alguna vez encarcelado en Efeso. Hacia el sur está el monte Koressos, donde se hallan las ruinas del muro helenístico, de unos 11 km de largo, que era el límite sur de la ciudad.

En el valle entre el monte Koressos y el monte Pion están las ruinas de los edificios públicos de la ciudad antigua. Entre ellas están la gran ágora o "plaza del mercado", el Serapeum (Serapeo), templo dedicado al dios egipcio Serapis, la biblioteca de Celso, extensos baños romanos, acueductos que traían agua a la ciudad desde las montañas, el odeón, "un pequeño salón de conciertos" y otras ruinas. La calle principal, llamada hoy Curetes, iba desde el centro comercial al centro cívico. Sus columnas y monumentos muestran claramente la cultura de los tiempos de Juan.

El ágora o mercado era el centro de la vida social y económica de toda la ciudad antigua, y las dimensiones del ágora de Efeso, de la cual se han excavado sólo partes, muestran cuán importante debe haber sido la ciudad. Por todos lados estaba circuida por aceras con columnas, detrás de las cuales estaban los negocios. Se han excavado una cantidad de esas construcciones y algunas hasta se han reconstruido, de modo que el visitante moderno puede tener una idea de su aspecto interior. ¡Pero qué contraste entre el pasado y el presente! Ese lugar fue una vez el activo centro de una populosa ciudad en la cual el visitante veía bellos edificios y hermosas estatuas y también una vida metropolitana activa. Ahora se ven columnas rotas, trozos de paredes y montones de tierra y de escombros que todavía no se han excavado. La vida activa y bulliciosa que una vez llenó este centro de una de las más grandes ciudades del Medio Oriente, ha desaparecido. En el ágora se ha reconstruido un gran arco de piedra erigido por dos libertos de Agripa en honor del emperador Augusto. La inscripción o dedicación llama a Augusto pontifex maximus, o sea sumo sacerdote del imperio, título que más tarde se atribuyeron los obispos de Roma.

Al sur del ágora están las ruinas de la famosa biblioteca de Celso, que llegó a rivalizar en importancia con la de Alejandría. Consistía en una sala de conferencias y un cuarto de lectura rodeado por pequeños recintos donde se guardaban los manuscritos costosos. El visitante moderno se siente impresionado por las ruinas de esta famosa biblioteca, fundada en el tiempo del ministerio de Juan por uno de los más ricos ciudadanos de Efeso. En Selyuk hay también un interesante museo donde se pueden apreciar dos estatuas de mármol de Diana, halladas en las excavaciones de la antigua Efeso.

Esmirna.




Esmirna, que ahora se llama Izmir, es una de las más bellas ciudades del Asia Menor. Está situada en el extremo este de un golfo que penetra unos 50 km tierra adentro, que forma un puerto bien protegido por las montañas que lo rodean. El hecho de que sea una ciudad portuaria a la cual tienen acceso naves de gran calado, y que sin embargo está situada en el corazón de la región, ha sido siempre una ventaja para Esmirna frente a otras ciudades del Asia Menor occidental, y la ha convertido en uno de los más importantes centros de comercio de esa región. A esto puede añadirse el hecho de que está situada en el fértil valle del río Meles y que disfruta de fácil acceso al interior y a ciudades importantes, como Pérgamo, Sardis y Efeso.
La colonia más antigua fue fundada al norte de la ciudad moderna por pobladores procedentes de Anatolia, llamados léleges. Desde aproximadamente el año 1100 a. C. esa zona fue poblada por colonos griegos: primero eolios y más tarde jonios. La ciudad estuvo en manos de poderes extranjeros como lidios, persas y turcos; pero la mayoría de su población fue generalmente griega. La posición geográfica actual de Esmirna fue escogida por Lisímaco, uno de los generales y sucesores de Alejandro Magno, en lo cual reveló buen gusto y aguda previsión. Esmirna, construida en las estribaciones de las montañas que rodean la parte oriental del golfo de lzmir, se ha convertido en una de las más importantes y pintorescas ciudades del Asia occidental.

Su clima es agradable y una densa vegetación añade su encanto al paisaje. Hay olivos, cipreses, higueras, granados y sicómoros y aun datileras. Los principales productos de exportación son los famosos higos de Esmirna, tabaco, seda y las bien conocidas alfombras de Esmirna. Los minerales que se encuentran en las montañas de la región desde tiempos antiguos, incluyen hierro, manganeso, oro, plata, mercurio, plomo, cobre y antimonio. En la región se extrae un poco de carbón bituminoso. Otra atracción de Esmirna en la antigüedad eran sus fuentes termales, frecuentadas por gente que sufría de artritis. Se afirmaba que cuando se bebía esa agua se aliviaban los malestares intestinales.

Había, pues, excelentes razones por las cuales Esmirna se convirtió en una ciudad populosa y rica. A fines de la Primera Guerra Mundial era, por su extensión, la segunda ciudad del Asia Menor, con una población de unos 250.000 habitantes. La población de Esmirna disminuyó a causa del gran incendio de 1922 que destruyó casi toda la ciudad y mató a miles de sus habitantes, y por la expulsión de decenas de miles de griegos en 1922 y 1923. La población ha aumentado mucho en tiempos recientes, alcanzando en 1980 a unos 650.000 habitantes. No se sabe cuál era su población en la antigüedad.

Puesto que la ciudad moderna está construida sobre la antigua Esmirna, ahora son visibles sólo unas pocas ruinas. Restos de las antiguas murallas de la ciudad de Lisímaco se pueden ver en unos pocos lugares en las proximidades de la moderna Izmir, y también varios acueductos pintorescos, aunque arruinados. Las ruinas de la ciudadela, que domina el paisaje, son de origen bizantino. Sólo sus partes inferiores se remontan a los períodos romano y helenístico. En Esmirna, como en la mayoría de las ciudades de la antigüedad, había una gran cantidad de templos paganos; pero se han encontrado pocos restos. Sin embargo, al excavar los fundamentos de las casas nuevas, se encuentran estatuas que anteriormente tuvieron que haber estado en esos templos.

Las ruinas más importantes de la ciudad antigua son las que se encontraron cuando se hicieron excavaciones en el ágora o lugar del mercado, en el centro de la moderna lzmir. Durante mucho tiempo los arqueólogos infructuosamente buscaron el ágora de Esmirna, que era famosa en la antigüedad por ser la única construida con tres pisos. El nivel inferior era subterráneo; el segundo estaba al nivel de la calle, y por encima había un tercer nivel sostenido por columnas que formaban galerías al nivel de la calle. Desde su descubrimiento se han hecho excavaciones algunas restauraciones que permiten que el visitante moderno reciba una impresión vívida de este mercado, el más famoso de la antigüedad. Los salones subterráneo están bien conservados. Algunos están en tan excelente estado de conservación que podrían usarse tal como están. De las construcciones antiguas al nivel de la calle ahora sólo quedan unas pocas columnas, y hace mucho que desapareció todo rastro del tercer nivel.

Los antiguos habitantes de Esmirna se sentían muy orgullosos de su ciudad por ser la cuna de Homero, el más famoso de todos los poetas griegos. Muchos turistas de la antigüedad visitaban Esmirna para rendir homenaje a la memoria de ese ilustre personaje, así como iban a otras ciudades con el propósito de adorar a sus dioses famosos.

La comunidad cristiana de Esmirna ha experimentado numerosos y graves períodos de persecución. Es interesante notar que desde tiempos antiguos se ha interpretado que Esmirna significa "mirra", una amarga aunque aromática gomorresina proveniente del Africa oriental y de Arabia, que simbolizaba amargura y sufrimiento. Los eruditos modernos no aceptan esta interpretación tradicional, pues se inclinan a pensar que deriva de Samorna, el nombre de una diosa de Anatolia que era adorada en esa ciudad. Cualquiera que sea la verdadera interpretación del nombre de la ciudad, es un hecho histórico que los cristianos de Esmirna han sufrido más que los de cualquiera de las otras ciudades de la región.

Esmirna ha sido destruida con frecuencia, a veces por terremotos y con más frecuencia por ejércitos extranjeros. En la era cristiana ha sido conquistada y saqueada por los godos bárbaros, los crueles mongoles, los feroces selyúcidas, los fanáticos cruzados, y en tiempos más modernos por los turcos de Kemal. Como un ejemplo de los horrores que a veces han experimentado los esmirnenses, puede mencionarse la matanza de casi todos los habitantes de la ciudad hecha por Tamerlán, el sanguinario conquistador mongol del siglo XIV, que levantó una torre con las cabezas de los esmirnenses capturados. Algunas atroces matanzas han sucedido en este siglo en Esmirna, por ejemplo, en ocasión de las luchas entre griegos y turcos después de la Primera Guerra Mundial. La ciudad repetidas veces cambió de manos, y se cometieron inenarrables atrocidades en las que se afirma que perecieron decenas de miles.

Desde los días de Juan la comunidad cristiana de Esmirna ha sufrido repetidas persecuciones, en las cuales famosos mártires dieron su vida dentro de los muros de la ciudad; el más ilustre de ellos fue, sin duda, Policarpo, discípulo de Juan y más tarde obispo de Esmirna. Fue quemado vivo (c. 155 d. C.) en el estadio o en el gran teatro, pues ambos lugares se han indicado como el sitio donde hizo frente a la muerte; sin embargo, su muerte y la de otros valientes mártires dieron mucho fruto durante las décadas y los siglos siguientes. Esmirna llegó a ser uno de los centros más fuertes del cristianismo en la parte oriental del Imperio Romano, y fue también la última ciudad del Asia Menor que se rindió ante los vencedores musulmanes. Hasta la Primera Guerra Mundial cuatro de cada cinco habitantes eran cristianos, lo que prueba cuán tenazmente la población de Esmirna mantuvo su religión. A pesar de todo finalmente compartió la suerte de todos los otros centros cristianos del Asia Menor, y sucumbió ante los musulmanes. La comunidad cristiana esmirnense recibió su golpe de muerte cuando los griegos fueron expulsados de Esmirna por los turcos en los días de Kemal Bajá, en 1922.

Pérgamo.


Pérgamo, situada en un amplio valle 5 km al norte del río Caico y a unos 25 km del mar, era otra de las famosas ciudades del Asia Menor. El palacio, los templos, teatros, gimnasios y otros edificios públicos de la antigua Pérgamo estaban construidos en la cima y en las faldas de una elevada colina. La sección residencial de la ciudad quedaba al pie de la colina, en el mismo lugar de la llanura donde se encuentra la moderna población de Bergama, de unos 35.000 habitantes (1980).

La ciudad fue fundada por colonizadores griegos. Aunque no se sabe mucho de su historia primitiva, parece que era importante en el siglo V a. C., pues ya acuñaba sus propias monedas en 420 a. C. De su historia se sabe más a partir del siglo III a. C. Lisímaco, uno de los generales y sucesores de Alejandro, depositó en ese tiempo el tesoro de su nación -9.000 talentos (el talento pesaba unos 34 kg) de oro- en la sólida fortaleza de la ciudad. Después de la muerte de Lisímaco en 281 a. C., Filitaero, guardián de ese tesoro, se apropió de él y se autonombró gobernante de Pérgamo hasta su muerte en el año 263. Se convirtió en el fundador de la rica dinastía de los Atálidos, que ocupó el trono durante unos 150 años. Aunque la historia del reino independiente de Pérgamo fue corta, dejó su huella en el mundo antiguo, y la riqueza de sus reyes se hizo proverbial, como había sucedido antes con Creso, rey de Sardis.

El rey Atalo I (241-197 a. C.) fue el primer gran gobernante del reino de Pérgamo. Tuvo que luchar contra los galos, antepasados de los gálatas que aparecen en el Nuevo Testamento. Los galos habían invadido el Asia Menor desde el oeste y se habían establecido en el centro de Anatolia (ver Nota Adicional de Hech. 16). Cuando los galos fueron decisivamente derrotados en 240 a. C., Atalo pudo ensanchar mucho el territorio de su reino. Cuando murió, Pérgamo dominaba en toda Misia, Lidia, Caria, Panfilia y Frigia, territorio que abarca casi la mitad del Asia Menor. La riqueza proveniente de los tributos que afluían a Pérgamo desde esas regiones, se usaba para embellecer la capital, hasta el punto de que se convirtió en una de las más maravillosas ciudades de su tiempo. Tenía tantos templos, teatros, gimnasios y otros edificios públicos monumentales, que era aclamada como la ciudad más rica del mundo.

Durante el período de Eumenes II (197-159 a. C.), que fue el rey siguiente, se fundó una biblioteca que creció hasta poseer una colección de 200.000 manuscritos. Esta biblioteca despertó la envidia de Tolomeo V de Egipto (203-181 a. C.). Temiendo que pronto sobrepujaría a la biblioteca de Alejandría, prohibió la exportación de papiro, el material de escritura más común de la antigüedad. Como Egipto era el único país en que se manufacturaban los rollos de papiro, de esa manera esperaba reducir la producción de libros en otros países. Esta emergencia se convirtió en una gran ventaja, pues indujo a los que hacían libros en Pérgamo a inventar el pergamino, el mejor material de escritura que jamás se haya producido. El pergamino se prepara refinando el cuero de animales tiernos como terneros, ovejas o cabritos, mediante un proceso de curtiembre. Tiene diversas ventajas sobre el cuero común, que también usaban los antiguos como material de escritura. Como este nuevo material fue inventado en Pérgamo, recibió el nombre griego de pergam'nós, y pergamena en latín, de donde deriva "pergamino".

La biblioteca de Eumenes más tarde fue retirada de Pérgamo por Marco Antonio, quien se la regaló a Cleopatra. Cuando los árabes conquistaron a Egipto fue destruida junto con muchas otras colecciones de libros antiguos.

Durante el tiempo de Eumenes II también se erigió el gran altar de Zeus, la obra maestra de las famosas obras de arte de Pérgamo. De ella ya nos volveremos a ocupar. Una de las más formidables obras técnicas que datan de su reinado fue un acueducto para llevar agua, mediante presión, hasta la acrópolis de Pérgamo. El agua, que provenía de vertientes montañosas de un nivel más alto que la loma de la acrópolis de Pérgamo, corría por una cañería de varios kilómetros de longitud que cruzaba la planicie donde estaba situada la ciudad. En la antigüedad nunca se había intentado hacer una obra de tan vastos alcances, ni tampoco fue imitada durante siglos. Aún se pueden ver las ruinas de este acueducto.

Eumenes II fue sucedido sólo por dos reyes más: Atalo II (159-138 a. C.) y Atalo III (138-133 a. C.). Pérgamo dejó de ser un reino independiente porque el último monarca mencionado, un gran admirador de Roma, en su testamento legó su reino a los romanos. Roma se posesionó de Pérgamo después de la muerte de Atalo III, y se sabe que en el año 129 a. C. parte del reino había sido organizado como la provincia de Asia, cuya capital era Pérgamo. Aunque con el correr del tiempo Pérgamo perdió algo de su fama ante Efeso y Esmirna, y finalmente vio cómo Efeso se convertía en la capital de la provincia, durante siglos permaneció como una de las más ilustres y ricas ciudades del Asia Menor occidental.

Durante la edad apostólica se estableció en Pérgamo una iglesia cristiana, como se puede ver en la tercera carta del Apocalipsis (cap. 2: 12-17). Esta carta menciona las buenas cualidades de la iglesia y el hecho de que Antipas, un fiel mártir, había sido muerto en esa ciudad; pero también reprocha duramente a los cristianos de Pérgamo por tolerar la idolatría y la inmoralidad dentro de la iglesia. La ciudad se convirtió en un centro cristiano y se mantuvo así durante siglos. En el año 1304 d. C. fue conquistada por los selyúcidas, y 32 años más tarde por Solimán. Desde entonces ha sido turca, y su tamaño gradualmente ha disminuido hasta llegar a ser el pueblo que es ahora.

El gobierno alemán ha patrocinado excavaciones en Pérgamo desde 1878, las que intermitentemente se han llevado a cabo en las ruinas, principalmente en la acrópolis. Durante estos 100 años se ha desenterrado una extensa zona, lo que da al visitante moderno un claro concepto del trazado de la ciudad antigua. Sería cansador dar descripciones de los diversos templos dedicados a Zeus, Dionisio, Palas Atenea, Demetrio y otros dioses, así como describir las ruinas del palacio real, de los diversos teatros, gimnasios y otros edificios públicos. Sólo se describirán brevemente dos de las más famosas construcciones de Pérgamo, ambas catalogadas por diferentes comentadores de la Biblia como "el trono de Satanás" que Juan menciona en la carta a Pérgamo (Apoc. 2: 13). Una de esas construcciones es el altar de Zeus, ya mencionado, que fue construido por Eumenes II en el siglo II a. C., y la otra es el Asclepión, uno de los más famosos de todos los hospitales de la antigüedad.

El altar de Zeus era una enorme construcción, de como 36 m de largo por 34 de ancho y 12 de alto, y además una obra maestra de arte y arquitectura. Consistía en un edificio de dos pisos construido en forma de herradura, cuya parte inferior estaba cubierta con bellos relieves tallados que conmemoraban la guerra entre Pérgamo y los galos. Las partes superiores estaban formadas por columnatas. Esta magnífica construcción naturalmente constituía una gran atracción para la ciudad, y algunos comentadores han pensado que era "el trono de Satanás" al que se refiere Juan el revelador. K. Humann, el primer excavador de Pérgamo, descubrió este altar y extrajo algunas de sus lajas de piedra cincelada de los muros de la ciudad, incorporados allí en la época bizantina. Todo este material fue transportado a Berlín, en donde el altar completo fue reconstruido en el "Museo de Pérgamo", y afortunadamente escapó a la destrucción provocada por los asolamientos de la Segunda Guerra Mundial. Los rusos lo desmantelaron después de la guerra y lo enviaron al este; pero más tarde lo devolvieron.

El otro sitio grande y famoso de Pérgamo, que algunos comentadores pensaron que era "el trono de Satanás" mencionado en el Apocalipsis, era el Asclepión, un complejo edilicio dedicado a Asclepio, dios griego de la medicina, el Esculapio de los romanos, uno de los cuatro principales dioses de Pérgamo. Hasta este lugar viajaban multitudes de enfermos desde grandes distancias en busca de alivio para sus males; ha sido objeto de excavaciones desde 1928. Allí se encontraron las ruinas de varias construcciones, como salas en las cuales quedaban los pacientes y recibían tratamientos con agua, un anfiteatro donde eran entretenidos y habitaciones subterráneas donde se los hacía dormir para que recibieran en sus sueños mensajes divinos en cuanto a los tratamientos que debían recibir. Finalmente había un templo circular en el cual los pacientes depositaban sus ofrendas antes de marcharse, así como los pacientes modernos pagan sus cuentas en la oficina de un sanatorio antes de ser dados de alta. En el atrio del Asclepión había un monumento con las dos serpientes de Esculapio en relieve, el símbolo de la profesión médica, el cual se usa todavía en nuestros días.

Galeno (c. 130-c. 200 d. C.), el más famoso médico de la antigüedad, nació en Pérgamo y recibió su instrucción médica en el Asclepión. Posteriormente estudió en Esmirna, Corinto y Alejandría. Su influencia en el ámbito de la ciencia médica fue muy grande durante toda la Edad Media, y sus escritos muestran que los médicos de sus días tenían algunos conocimientos científicos en cuanto al funcionamiento del cuerpo humano y al poder curativo de ciertas medicinas y métodos terapéuticos de tratamiento.


Pérgamo.




Pérgamo, situada en un amplio valle 5 km al norte del río Caico y a unos 25 km del mar, era otra de las famosas ciudades del Asia Menor. El palacio, los templos, teatros, gimnasios y otros edificios públicos de la antigua Pérgamo estaban construidos en la cima y en las faldas de una elevada colina. La sección residencial de la ciudad quedaba al pie de la colina, en el mismo lugar de la llanura donde se encuentra la moderna población de Bergama, de unos 35.000 habitantes (1980).

La ciudad fue fundada por colonizadores griegos. Aunque no se sabe mucho de su historia primitiva, parece que era importante en el siglo V a. C., pues ya acuñaba sus propias monedas en 420 a. C. De su historia se sabe más a partir del siglo III a. C. Lisímaco, uno de los generales y sucesores de Alejandro, depositó en ese tiempo el tesoro de su nación -9.000 talentos (el talento pesaba unos 34 kg) de oro- en la sólida fortaleza de la ciudad. Después de la muerte de Lisímaco en 281 a. C., Filitaero, guardián de ese tesoro, se apropió de él y se autonombró gobernante de Pérgamo hasta su muerte en el año 263. Se convirtió en el fundador de la rica dinastía de los Atálidos, que ocupó el trono durante unos 150 años. Aunque la historia del reino independiente de Pérgamo fue corta, dejó su huella en el mundo antiguo, y la riqueza de sus reyes se hizo proverbial, como había sucedido antes con Creso, rey de Sardis.

El rey Atalo I (241-197 a. C.) fue el primer gran gobernante del reino de Pérgamo. Tuvo que luchar contra los galos, antepasados de los gálatas que aparecen en el Nuevo Testamento. Los galos habían invadido el Asia Menor desde el oeste y se habían establecido en el centro de Anatolia (ver Nota Adicional de Hech. 16). Cuando los galos fueron decisivamente derrotados en 240 a. C., Atalo pudo ensanchar mucho el territorio de su reino. Cuando murió, Pérgamo dominaba en toda Misia, Lidia, Caria, Panfilia y Frigia, territorio que abarca casi la mitad del Asia Menor. La riqueza proveniente de los tributos que afluían a Pérgamo desde esas regiones, se usaba para embellecer la capital, hasta el punto de que se convirtió en una de las más maravillosas ciudades de su tiempo. Tenía tantos templos, teatros, gimnasios y otros edificios públicos monumentales, que era aclamada como la ciudad más rica del mundo.

Durante el período de Eumenes II (197-159 a. C.), que fue el rey siguiente, se fundó una biblioteca que creció hasta poseer una colección de 200.000 manuscritos. Esta biblioteca despertó la envidia de Tolomeo V de Egipto (203-181 a. C.). Temiendo que pronto sobrepujaría a la biblioteca de Alejandría, prohibió la exportación de papiro, el material de escritura más común de la antigüedad. Como Egipto era el único país en que se manufacturaban los rollos de papiro, de esa manera esperaba reducir la producción de libros en otros países. Esta emergencia se convirtió en una gran ventaja, pues indujo a los que hacían libros en Pérgamo a inventar el pergamino, el mejor material de escritura que jamás se haya producido. El pergamino se prepara refinando el cuero de animales tiernos como terneros, ovejas o cabritos, mediante un proceso de curtiembre. Tiene diversas ventajas sobre el cuero común, que también usaban los antiguos como material de escritura. Como este nuevo material fue inventado en Pérgamo, recibió el nombre griego de pergam'nós, y pergamena en latín, de donde deriva "pergamino".

La biblioteca de Eumenes más tarde fue retirada de Pérgamo por Marco Antonio, quien se la regaló a Cleopatra. Cuando los árabes conquistaron a Egipto fue destruida junto con muchas otras colecciones de libros antiguos.

Durante el tiempo de Eumenes II también se erigió el gran altar de Zeus, la obra maestra de las famosas obras de arte de Pérgamo. De ella ya nos volveremos a ocupar. Una de las más formidables obras técnicas que datan de su reinado fue un acueducto para llevar agua, mediante presión, hasta la acrópolis de Pérgamo. El agua, que provenía de vertientes montañosas de un nivel más alto que la loma de la acrópolis de Pérgamo, corría por una cañería de varios kilómetros de longitud que cruzaba la planicie donde estaba situada la ciudad. En la antigüedad nunca se había intentado hacer una obra de tan vastos alcances, ni tampoco fue imitada durante siglos. Aún se pueden ver las ruinas de este acueducto.

Eumenes II fue sucedido sólo por dos reyes más: Atalo II (159-138 a. C.) y Atalo III (138-133 a. C.). Pérgamo dejó de ser un reino independiente porque el último monarca mencionado, un gran admirador de Roma, en su testamento legó su reino a los romanos. Roma se posesionó de Pérgamo después de la muerte de Atalo III, y se sabe que en el año 129 a. C. parte del reino había sido organizado como la provincia de Asia, cuya capital era Pérgamo. Aunque con el correr del tiempo Pérgamo perdió algo de su fama ante Efeso y Esmirna, y finalmente vio cómo Efeso se convertía en la capital de la provincia, durante siglos permaneció como una de las más ilustres y ricas ciudades del Asia Menor occidental.

Durante la edad apostólica se estableció en Pérgamo una iglesia cristiana, como se puede ver en la tercera carta del Apocalipsis (cap. 2: 12-17). Esta carta menciona las buenas cualidades de la iglesia y el hecho de que Antipas, un fiel mártir, había sido muerto en esa ciudad; pero también reprocha duramente a los cristianos de Pérgamo por tolerar la idolatría y la inmoralidad dentro de la iglesia. La ciudad se convirtió en un centro cristiano y se mantuvo así durante siglos. En el año 1304 d. C. fue conquistada por los selyúcidas, y 32 años más tarde por Solimán. Desde entonces ha sido turca, y su tamaño gradualmente ha disminuido hasta llegar a ser el pueblo que es ahora.

El gobierno alemán ha patrocinado excavaciones en Pérgamo desde 1878, las que intermitentemente se han llevado a cabo en las ruinas, principalmente en la acrópolis. Durante estos 100 años se ha desenterrado una extensa zona, lo que da al visitante moderno un claro concepto del trazado de la ciudad antigua. Sería cansador dar descripciones de los diversos templos dedicados a Zeus, Dionisio, Palas Atenea, Demetrio y otros dioses, así como describir las ruinas del palacio real, de los diversos teatros, gimnasios y otros edificios públicos. Sólo se describirán brevemente dos de las más famosas construcciones de Pérgamo, ambas catalogadas por diferentes comentadores de la Biblia como "el trono de Satanás" que Juan menciona en la carta a Pérgamo (Apoc. 2: 13). Una de esas construcciones es el altar de Zeus, ya mencionado, que fue construido por Eumenes II en el siglo II a. C., y la otra es el Asclepión, uno de los más famosos de todos los hospitales de la antigüedad.

El altar de Zeus era una enorme construcción, de como 36 m de largo por 34 de ancho y 12 de alto, y además una obra maestra de arte y arquitectura. Consistía en un edificio de dos pisos construido en forma de herradura, cuya parte inferior estaba cubierta con bellos relieves tallados que conmemoraban la guerra entre Pérgamo y los galos. Las partes superiores estaban formadas por columnatas. Esta magnífica construcción naturalmente constituía una gran atracción para la ciudad, y algunos comentadores han pensado que era "el trono de Satanás" al que se refiere Juan el revelador. K. Humann, el primer excavador de Pérgamo, descubrió este altar y extrajo algunas de sus lajas de piedra cincelada de los muros de la ciudad, incorporados allí en la época bizantina. Todo este material fue transportado a Berlín, en donde el altar completo fue reconstruido en el "Museo de Pérgamo", y afortunadamente escapó a la destrucción provocada por los asolamientos de la Segunda Guerra Mundial. Los rusos lo desmantelaron después de la guerra y lo enviaron al este; pero más tarde lo devolvieron.

El otro sitio grande y famoso de Pérgamo, que algunos comentadores pensaron que era "el trono de Satanás" mencionado en el Apocalipsis, era el Asclepión, un complejo edilicio dedicado a Asclepio, dios griego de la medicina, el Esculapio de los romanos, uno de los cuatro principales dioses de Pérgamo. Hasta este lugar viajaban multitudes de enfermos desde grandes distancias en busca de alivio para sus males; ha sido objeto de excavaciones desde 1928. Allí se encontraron las ruinas de varias construcciones, como salas en las cuales quedaban los pacientes y recibían tratamientos con agua, un anfiteatro donde eran entretenidos y habitaciones subterráneas donde se los hacía dormir para que recibieran en sus sueños mensajes divinos en cuanto a los tratamientos que debían recibir. Finalmente había un templo circular en el cual los pacientes depositaban sus ofrendas antes de marcharse, así como los pacientes modernos pagan sus cuentas en la oficina de un sanatorio antes de ser dados de alta. En el atrio del Asclepión había un monumento con las dos serpientes de Esculapio en relieve, el símbolo de la profesión médica, el cual se usa todavía en nuestros días.

Galeno (c. 130-c. 200 d. C.), el más famoso médico de la antigüedad, nació en Pérgamo y recibió su instrucción médica en el Asclepión. Posteriormente estudió en Esmirna, Corinto y Alejandría. Su influencia en el ámbito de la ciencia médica fue muy grande durante toda la Edad Media, y sus escritos muestran que los médicos de sus días tenían algunos conocimientos científicos en cuanto al funcionamiento del cuerpo humano y al poder curativo de ciertas medicinas y métodos terapéuticos de tratamiento.

Tiatira




Tiatira era una antigua ciudad lidia, sobre el río Lico, tributario del Hermos, en la parte norte de Lidia; pero tan cerca de Misia que aun los antiguos, por error, con frecuencia se referían a ella como a una ciudad misia. Su historia más antigua no es bien conocida, excepto que era una ciudad santa del dios sol Tirimnos de los lidios, generalmente representado como un dios jinete. Alrededor del siglo III a. C. la ciudad evidentemente había decaído, y fue fundada de nuevo por Seleuco Nicátor (301-281 a. C.), quien la colonizó con griegos. Desde entonces Tiatira continuó siendo una de las más pequeñas ciudades helenísticas del Asia Menor occidental. Aunque llegó a ser el centro comercial del valle del Lico, nunca fue una metrópoli como Efeso, Esmirna, o Pérgamo.

Puesto que la ciudad parece haber disfrutado de una vida más bien tranquila y pacífica durante la mayor parte de su existencia, su historia tiene poca importancia si se la compara con la de Esmirna o Efeso. Cuando Tiatira estuvo más expuesta a verse implicada en una guerra fue en el año 190 a. C., cuando Antíoco el Grande ocupó la ciudad con sus tropas en anticipación a la lucha con el ejército romano. Sin embargo, la batalla que hubo entre él y Escipión se peleó en Magnesia, unos 65 km al sur de Tiatira, y la ciudad tuvo la suerte de no sufrir daños.

Tiatira quedó sepultada bajo Akhisar, ciudad de más de 60.000 habitantes, cuya principal industria es la confección de alfombras. El nombre turco Akhisar -"Castillo blanco"- se debe a las ruinas blancas de un castillo medieval que están cerca de la población moderna. En Akhisar nunca se han hecho excavaciones sistemáticas; pero cuando los habitantes han cavado para poner los cimientos de sus casas, con frecuencia han encontrado artefactos antiguos. En esta forma se han descubierto numerosas inscripciones que han ido a parar a diversos museos.

La antigua Tiatira era una ciudad de gremios. En ninguna otra ciudad del Asia occidental los diversos artesanos estaban organizados en gremios bien disciplinados como en esta ciudad. Entre ellos estaba el gremio de los tintoreros, que era muy importante. Los tintoreros de Tiatira habían aprendido a hacer tintura de púrpura con raíz de rubia en vez de hacerla con crustáceos, como se hacía en otros centros productores de púrpura del mundo antiguo. Esta tintura de púrpura, ahora llamada "rojo de Turquía", permitía a los tintoreros de Tiatira competir con éxito con otros centros de preparación de tinturas. Lidia, uno de los primeros conversos de Pablo en Filipos, es llamada "vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira" (Hech. 16: 14). Es indudable que esta ciudad de Anatolia tenía representantes comerciales en países extranjeros como Macedonia, donde estaba Filipos.

En la antigua Tiatira había un templo dedicado a una deidad llamada Sambate, donde una profetisa daba sus oráculos. Algunos comentadores de la Biblia han pensado que las palabras de Juan, "toleras que esa mujer Jezabel, que se dice profetisa, enseñe y seduzca a mis siervos" (Apoc. 2: 20), se refieren a esa profetisa que daba los oráculos en el templo de Sambate. Sin embargo, es dudosa la exactitud de esta interpretación; tampoco es seguro si W. M. Ramsay tiene razón cuando ve referencias en esta cuarta carta del Apocalipsis (cap. 2: 18-29) a los claudicantes cristianos, miembros de ciertos gremios. El piensa que muchos miembros de iglesia vivían todavía bajo la disciplina de sus respectivos gremios, a los que habían pertenecido antes de hacerse cristianos, y que continuaban tomando parte de algunas prácticas inmorales y dudosas durante las festividades y en otras reuniones.

Que la iglesia de Tiatira perdió su pureza y experimentó dificultades en los primeros siglos de la era cristiana, parece evidente por una observación de Epifanio, padre de la iglesia, quien afirma que a comienzos del siglo III toda la ciudad y sus alrededores habían abrazado la herejía montanista. Fuera de esto no es mucho lo que se sabe de la historia de la iglesia cristiana de esta ciudad, cuya condición espiritual se convirtió en un símbolo de la iglesia apóstata de toda la Edad Media.

Sardis.



Sardis, la capital del reino de Lidia, estaba a unos 80 km al noreste de Esmirna y a unos 5 km al sur del río Hermos. Su acrópolis estaba construida sobre una estribación de las laderas del norte del monte Tmolo, en torno al cual el río Pactolo, tributario del Hermos, formaba un foso natural en dos lados. La ciudad más antigua había estado enteramente dentro de los fuertes muros protectores de la acrópolis; pero más tarde se extendió a la llanura que está al pie del cerro.

La ciudad aparece en la historia en el siglo VII como la capital del reino de Lidia. Aquí y en ese tiempo se inventaron las monedas y se usaron como dinero por primera vez en la historia. Los antiguos lidios merecen, pues, el honor de haber hecho un invento de importancia mundial y duradera.

En cuanto a la historia del reino lidio y la forma como Ciro el Grande conquistó a Sardis, ver t. III, pp. 52-56. Después de que Ciro conquistó a Sardis, la orgullosa y rica capital de un reino se convirtió en la sede de una satrapía, y en el palacio donde una vez habían residido los reyes fabulosamente ricos de Lidia se establecieron los sátrapas persas. Alrededor del año 500 a. C. Sardis sufrió su primera tragedia importante, cuando los jonios se sublevaron contra el gobierno persa y quemaron la ciudad baja. Darío el Grande se enfureció y quiso vengar ese crimen. Ordenó a sus servidores que cada mañana le recordaran el incendio de Sardis. Las guerras persas contra Grecia fueron el resultado de la ira de Darío, y Artafernes, hermano de Darío, partió de Sardis en la primera campaña persa contra Grecia en 490 a. C. Sardis fue también la sede de Ciro el Joven, quien como sátrapa libró la famosa batalla de Cunaxa en 401 a. C. contra su hermano Artajerjes II, después de la cual Jenofonte y sus 10.000 griegos ganaron fama inmortal.

La ciudad con frecuencia cambió de dueño después del período persa. Alejandro Magno la tomó en 334 a. C., y Antígono, uno de sus generales, la tomó otra vez 12 años más tarde. A partir de 301 a. C. Sardis estuvo en manos de los seléucidas durante un período de más de 100 años. Durante este lapso fue tomada la acrópolis en la misma forma como lo había sido en el tiempo del rey Ciro. En el año 218 a. C., mientras la asediaba Antíoco el Grande, un soldado cretense escaló el muro y abrió la ciudad a las fuerzas sitiadoras.

En el año 190 a. C. la ciudad llegó a ser parte del reino de Pérgamo. Cuando ese reino pasó a manos de los romanos, Sardis compartió su suerte y perdió importancia en comparación con ciudades como Efeso y Esmirna. En el año 17 d. C. Sardis sufrió un fuerte terremoto. El emperador Tiberio ayudó en su reconstrucción exceptuándola de impuestos durante cinco años y proporcionándole otras ayudas.

La Sardis del tiempo de Juan estaba en proceso de reconstrucción. Su gloria parecía ya haberse esfumado cuando Juan le recordó a la comunidad cristiana en ella que la ciudad había tenido el nombre o la reputación de que estaba viva, pero que en realidad estaba muerta (Apoc. 3: 1). Sardis volvió a prosperar, llegando a la cúspide de su crecimiento por el año 200 d. C. Se calcula que por ese tiempo tenía más de 100.000 habitantes. Con el desmembramiento de la provincia romana de Asia en el año 295 d. C., Sardis volvió a ser capital de Lidia. A través de los siglos siguientes fue dominada por bizantinos, árabes y turcos. En 1402, Sardis fue destruida por Tamerlán, el feroz líder de los mongoles. En 1595 sufrió un devastador terremoto. Desde entonces la ciudad que una vez había sido una de las grandes e imponentes metrópolis del mundo quedó reducida a casi nada.

Quien visita hoy la antigua ciudad de Sardis encuentra una pequeña población de agricultores y comerciantes, llamada Sart, corrupción del antiguo nombre de Sardis. En una estribación del monte Tmolo se ven los restos de los muros de las fortificaciones de la antigua, acrópolis, destrozados por efectos de guerras, terremotos y el correr del tiempo. En la ladera del monte y en la llanura se aprecian restos de diferentes edificios, de los cuales tres son dignos de descripción:

El gran templo de Cibeles, la antigua diosa madre del Asia Menor, a veces comparada con Artemisa o Diana, y cuyo culto era similar al de Diana, constituye una ruina monumental. Este templo estaba cubierto de escombros cuando una expedición norteamericana de la Universidad de Princeton, dirigida por H. C. Butler, comenzó sus excavaciones (1910-1914, 1922). De las muchas columnas del templo mencionado sólo sobresalían de la tierra los capiteles de dos de ellas, lo cual señaló a los exploradores el sitio del antiguo templo. Después de que removieron una capa de tierra y escombros de unos 15 m quedó al descubierto todo el templo, y se pudo ver que las partes bajas de su construcción estaban bastante bien conservadas, por lo que podemos tener una idea exacta de la planta del edificio y de los detalles arquitectónicos de este gran templo que medía unos 100 m por 50 m. Las columnas eran más o menos del mismo tamaño que las del Artemision de Efeso, y dos de ellas todavía están en pie con sus capiteles, conservando su altura original de algo más de 20 m. Muchas de las otras se conservan hasta una altura de unos 10 m. Las columnas, con un diámetro de cerca de 2 m, descansan sobre bases en las que hay dibujos de hojas exquisitamente talladas, cada una de las cuales es diferente a las otras.

A la sombra de este templo están las ruinas de una pequeña iglesia de ladrillo del período después de Constantino.

De 1958 a 1971 las universidades de Harvard y Cornell excavaron en Sardis bajo la dirección de G. M. A. Hanfmann. Se desenterraron muchos edificios, obras de arte, artefactos e inscripciones que arrojan luz en cuanto a la vida de la ciudad desde los tiempos prelidios hasta los islámicos. Dos de estos edificios interesan especialmente al estudioso de la Biblia.

El gimnasio es de un período posterior al del Nuevo Testamento, pero revela con cuánta dedicación los antiguos fomentaban los deportes y la cultura. La fachada y algunos pabellones han sido reconstruidos. Tienen unos 18 m de alto. Dentro del gimnasio se puede ver claramente una pila para natación. El conjunto es imponente.

Una enorme sinagoga, reconocida por los típicos símbolos judíos y por más de 80 inscripciones en griego y en hebreo, indica claramente la presencia de judíos en Sardis en los primeros siglos de la era cristiana. El pavimento de mosaicos y la elegante antesala hablan de la prosperidad material de quienes se reunían allí. Ha sido parcialmente restaurada.

Filadelfia.



Filadelfia estaba a orillas del río Cogamo, rama sur del Hermos. Ciudad del interior de Anatolia, estaba a 120 km al este de Esmirna. Fue construida a 198 m sobre el nivel del mar en las estribaciones orientales del monte Tmolo. Detrás de la ciudad hay farallones volcánicos que se formaron en tiempos históricos, aunque no contamos con ningún registro escrito de actividad volcánica. Como en otras zonas volcánicas, el suelo alrededor de Filadelfia es sumamente fértil, lo que hace que las mejores viñas del Asia Menor se encuentren en sus proximidades.

Filadelfia era la más joven de las siete ciudades a las cuales fueron dirigidas las cartas del Apocalipsis. Fue fundada por el año 150 a. C. durante el reinado del rey Atalo II Filadelfo, de Pérgamo, y se le dio el nombre de Filadelfia, "amor fraternal", en honor a la lealtad del rey Atalo a su hermano mayor Eumenes II, que lo había precedido en el trono de Pérgamo. Filadelfia recibió varios nombres en diferentes períodos. A principios del siglo I d. C. fue conocida durante un tiempo como Decápolis, debido a que era una de las diez ciudades de la llanura en que estaba situada. Un poco más tarde aparece con el nombre de Neocesarea, en honor del emperador Tiberio que ayudó a que la ciudad se restableciera del destructor terremoto del 17 d. C. En el tiempo de Vespasiano tuvo el nombre de Flavia, conforme a la familia del emperador; pero posteriormente volvió a ser llamada Filadelfia, y así era conocida cuando Juan escribió la carta del Apocalipsis (cap. 3: 7-13) a la iglesia de esa ciudad. El nombre moderno de la localidad que ha reemplazado a Filadelfia es Alashehir. Este nombre ha sido explicado por algunos visitantes, engañados por su insuficiente conocimiento del turco, como la abreviatura de Allah-shehir, "la ciudad de Dios". El nombre en realidad significa "la ciudad rojiza", debido al color rojizo de la región volcánica en que está construida la ciudad.

Como Filadelfia estaba en un camino principal entre la alta Frigia y Esmirna, se convirtió en una importante ciudad del interior y acumuló suficiente riqueza para edificar suntuosos templos y otros magníficos edificios públicos. Por esa razón, escritores antiguos se referían a Filadelfia como a la Pequeña Atenas; sin embargo, nunca alcanzó la importancia política, económica o religiosa de algunas de las otras ciudades ya descritas.

El cristianismo parece haber llegado a Filadelfia en el período apostólico, lo que se deduce del hecho de que el Apocalipsis incluye una carta a la iglesia de esa ciudad. Además, nada se sabe de la primitiva historia de esa iglesia. En tiempos posteriores Filadelfia llegó a ser sede de obispado, y en el siglo XIII fue el centro cristiano de toda la región de Lidia, y la residencia de un arzobispo. Durante los siglos siguientes aparece como un baluarte del cristianismo con mucha fuerza moral para resistir los asaltos de las naciones bárbaras que repetidas veces asolaron el Asia Menor. Los ciudadanos de Filadelfia tenían razón de estar orgullosos de su historia en ese respecto. Resistieron con éxito un asedio de los selyúcidas en 1306 d. C. y obligaron al enemigo a retirarse. Nuevamente resultaron victoriosos en 1324 d. C., cuando los selyúcidas hicieron una segunda tentativa por tomar la ciudad. Ninguna otra ciudad del Asia Menor podía jactarse de anales tan llenos de heroísmo. Pero después de una larga resistencia la ciudad cayó ante los turcos en 1390 d. C., y después fue conquistada por Tamerlán en 1402. Sus habitantes no pudieron competir con las feroces hordas mongólicas de Tamerlán, aunque opusieron una heroica resistencia. La ciudad fue tomada por asalto, y Tamerlán construyó un muro con los cadáveres de las valientes víctimas de Filadelfia, como había levantado una torre con los cráneos de los esmirnenses capturados durante el asedio de su infortunada ciudad. El lugar donde tuvo lugar este terrible suceso todavía es señalado por los ciudadanos de Alashehir.

Esta catástrofe no destruyó la voluntad de sobrevivir de los cristianos de Filadelfia ni apagó su determinación de permanecer fieles a su religión. Parece que recordaban la admonición de retener lo que tenían para que nadie les quitara su corona (Apoc. 3: 11). Aunque toda la región cayó finalmente en poder de los turcos y el cristianismo en el Asia Menor murió lenta pero seguramente. Filadelfia, como Esmirna, permaneció siendo una ciudad cristiana. Es una notable coincidencia que las dos ciudades -Esmirna y Filadelfia- que retuvieron por más tiempo que cualquier otra ciudad del Asia Menor su carácter cristiano y su población cristiana, son las mismas ciudades cuyas iglesias eran tan puras e intachables en los días de Juan, que merecieron que se les hubiera escrito las únicas cartas que no tienen palabras de reproche.

Al concluir la Primera Guerra Mundial todavía era cristiana la mayoría de la población de Alashehir; sin embargo, la ciudad compartió entonces la suerte de Esmirna y vio a su población cristiana expulsada por los turcos de Kemal en 1923. Por esta razón, en esta ciudad sólo se encuentran ahora las ruinas de los contrafuertes y muros de una gran catedral en el centro de la ciudad, junto a una mezquita musulmana bien conservada; y en lugar de las campanas de una iglesia cristiana se oye la voz del almuédano que llama a la oración desde lo alto de un alminar.

Una visita a la antigua Filadelfia no sólo produce tristeza al cristiano, sino que también desanima al arqueólogo que busca restos del glorioso pasado de la ciudad. Encuentra los lastimosos restos del antiguo muro de la ciudad convertidos en habitación de cigüeñas y llenos de malezas y hierba. Quedan unas pocas ruinas que no se pueden identificar; pero nada de los gloriosos templos, los majestuosos gimnasios y los grandiosos teatros de la antigüedad por los cuales una vez Filadelfia se ganó el nombre de Pequeña Atenas. La obra destructiva de los siglos ha sido tan completa que apenas se pueden hallar vestigios de su grandeza anterior.


Laodicea.



Laodicea, la última de las siete ciudades a cuyas iglesias Juan dirigió las cartas del Apocalipsis, se hallaba a unos 160 km al este de Efeso. Estaba en el valle del río Lico, que corre entre montañas que se elevan hasta 2.500 y 2.800 m. Este río Lico de Frigia, tributario del río Meandro, no debe ser confundido con el Lico a cuyas orillas estaba Tiatira, tributario del Hermos. Laodicea estaba a algo más de 3 km al sur del Lico de Frigia, a una altura de unos 250 m sobre el nivel del mar, en el camino principal de Efeso al Eufrates. Probablemente fue fundada por Antíoco II (261-246 a. C.), uno de los gobernantes seléucidas de la era helenística, quien dio a la ciudad el nombre de Laodicea en homenaje a su hermana y esposa, y la pobló con sirios y judíos traídos desde Babilonia. Laodicea fue una población insignificante durante el primer siglo de su existencia; pero aumentó su importancia rápidamente después de la formación de la provincia romana de Asia en el siglo II a. C.

Laodicea estaba situada en una región donde hay grandes rebaños de ovejas negras, y por eso se convirtió en el centro comercial de la lustrosa lana negra y de las vestiduras negras confeccionadas en la ciudad. Ambos, la lana y los vestidos, se exportaban a muchos países. La ciudad también era renombrada como centro exportador del famoso polvo frigio para los ojos, y como un firme centro financiero con varias casas bancarias que atraían mucha riqueza. También logró fama por estar cerca del templo de Men Karou, donde funcionaba una bien conocida escuela de medicina.

Por tales razones Laodicea fue conocida durante la era romana como una de las ciudades más ricas del Cercano Oriente. El emperador Nerón la llamó "una de las ilustres ciudades del Asia" cuando ofreció a los laodicenses ayuda financiera para la reconstrucción de su ciudad después de que un gran terremoto la destruyó en el año 60 d. C. Sin embargo, los orgullosos y ricos ciudadanos de Laodicea no aceptaron esa ayuda, y respondieron a quien deseaba beneficiarlos que tenían suficientes recursos financieros para reedificar su ciudad sin ayuda externa.

Conocer la historia de Laodicea, su riqueza y principales productos, da más significado a ciertas declaraciones de la carta de Juan dirigida a su comunidad cristiana (Apoc. 3: 14-22). Sus miembros creían que eran ricos, que se habían "enriquecido" y que "de ninguna cosa" tenían "necesidad"; pero en realidad espiritualmente eran desventurados, miserables y pobres (vers. 17). Sin embargo el Señor les aconsejaba que no confiaran en el oro de sus bancos, sino que compraran de él "oro refinado en fuego" para que fueran ricos (vers. 18). También les aconsejaba que compraran de él "vestiduras blancas" para vestirse a fin de que no se descubriera la "vergüenza" de su "desnudez" (vers. 18). Algunos comentadores ven en estas palabras una referencia al hecho de que los laodicenses estaban orgullosos de sus brillantes vestidos negros confeccionados en su ciudad y exportados a muchos países. ¿Por qué, pues, alguien podía decir que estaban desnudos (vers. 17)? También creen los comentadores que el orgullo de los laodicenses por su famoso polvo frigio para los ojos fue el motivo del consejo de que compraran de Cristo "colirio" para que vieran (vers. 18).

Que la iglesia cristiana de Laodicea fue fundada a comienzos del período apostólico, está confirmado por el apóstol Pablo, quien dirigió una carta a esa iglesia, aunque la carta parece haberse perdido (ver com. Col. 4: 16). Al parecer la iglesia creció con rapidez, y Laodicea llegó a ser sede de episcopado en el siglo II d. C. Uno de sus obispos, Sagaris, murió allí mártir en 166 d. C. En varios registros se mencionan los nombres de otros mártires cristianos de Laodicea, que ofrendaron sus vidas durante las persecuciones de los primeros siglos de la era cristiana. En el siglo IV la ciudad fue la sede de un importante concilio eclesiástico.

En el siglo XI la ciudad fue conquistada por los selyúcidas; pero los cruzados cristianos la recuperaron en 1119 d. C. Sin embargo, dos siglos más tarde fue destruida por los turcos y nunca ha sido reconstruida. En su lugar fue fundada una nueva ciudad denominada Denizli, cerca de un manantial en las proximidades de Laodicea. De las ruinas de la antigua Laodicea, usadas como cantera, se extrajo material para la edificación de esta nueva ciudad. El nombre turco del sitio de las ruinas es ahora Eski Hisar, que significa "Viejo Castillo".

En este lugar nunca se han efectuado excavaciones sistemáticas, aunque una gran zona cubierta de ruinas promete ricas recompensas a cualquier expedición arqueológica que use la pala en ella. Dos teatros romanos se hallan en bastante buen estado, y además se puede reconocer un gran estadio. También son visibles columnatas, acueductos que llevaban agua a la ciudad y las ruinas de antiguas iglesias, aunque la identificación definida de las diversas ruinas sólo podría hacerse después de las excavaciones.

 

Fuentes: Apocalipsisblogs,

 

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